|
cia leyo como
sigue:
"Amada Lucia: Mil gracias por todo cuanto estas haciendo por mi. Seria
yo desleal si te ocultase nada de lo que siento. Ni al P. Jacinto me he
confiado hasta ahora; pero a ti todo te lo confio. En mi ser pasa algo
de extrano, que no acierto a entender. Quiero aun a D. Carlos. Y, no
obstante, conozco que no debo darle esperanzas; que no debo casarme con
el nunca; que me toca obedecer a mi madre, la cual anhela mi boda con D.
Casimiro. Pero lo singular es que ha entrado en mi alma, en estos dias,
un sentimiento tan hondo de humildad, que hasta de D. Casimiro me hallo
indigna. A solas conmigo he penetrado en el fondo de mi conciencia y me
he perdido alli en abismos tenebrosos. Cuando mi madre, que es buena y
me ama, encuentra en mi no se que levadura, no se que germen de
perversion, no se que mancha mas negra del pecado original que en las
demas criaturas, razon tendra mi madre. Si, Lucia: quizas en este pecho
mio, en apariencia tranquilo; bajo la inocencia y superficial sencillez
de mis pocos anos, van adquiriendo ya ser y vida vehementes y malas
pasiones, como nido de viboras bajo apinadas rosas. Lo conozco: mi madre
tiembla por mi; recela de mi porvenir, y tiene razon. Yo me examino, me
estudio y me asusto. Descubro en mi la propension, dificil de resistir,
a todo lo malo. Veo mi maldad nativa y mi inclinacion al pecado por
instinto. ?Como comprender de otra suerte que yo, educada con tanto
recogimiento y en tan santa ignorancia de las cosas del mundo, haya
tenido la diabolica malicia de ponerme en relaciones con D. Carlos, de
hacerle creer que le amaba, mirandole solo (figurate con que perversidad
le miraria), y de atraerle hasta aqui, obligandole a que me siguiera, y
todo con tan infernal disimulo, que mi madre nada sabe? Todavia, si es
posible, hay en mi algo peor. Lo noto, lo percibo y no se, ni quiero, ni
me atrevo a examinarlo. Lo que si te declarare es que para mi el mundo
ha de ser mas peligroso que para otras mujeres, por naturaleza mejores.
Lo que no hay en mi por naturaleza debo pedirlo por gracia al cielo. En
el cifro mi esperanza. Procede, pues, que yo me aparte del mundo y
busque el favor del cielo. Ya sabes tu cuanto he repugnado hasta aqui
entrar en religion. No me juzgaba merecedora de ser esposa de Cristo. En
esto no he variado, sino para juzgarme aun menos merecedora. En lo que
si he variado es en reconocer que, por mala que sea una persona, jamas
debe desesperar de la bondad de
|