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por temor de ofenderle, por
considerarse sobrado fragil para resistir las tempestades del mundo y
por miedo de si misma y del infierno, Clara, a mi ver, no desatina:
Clara procede con recto juicio y consumada prudencia. Los motivos de su
vocacion para la vida religiosa, si no son los mas elevados, son buenos.
Lejos de mi el tratar de disuadirla, aunque pudiese. A fin de que goce
Clara una efimera e incierta dicha en la tierra, no he de oponerme yo a
que tome el camino que mas derechamente pueda llevarla al cielo. No por
dar gusto a V. he de aconsejar yo a Clara, cuando la nave de su vida va
a entrar ya en el puerto segurisimo y abrigado, que vuelva la proa y que
se engolfe en el pielago borrascoso, donde puede zozobrar y hundirse con
eterno hundimiento.
--Si --interrumpio el Comendador, harto ya,--lo mejor es que se muera
para que se salve.
--?Y como negarlo? --respondio fuera de si Dona Blanca.-- Mas vale morir
que pecar. Si ha de vivir para ser pecadora, para su eterna condenacion,
para su vergueenza y su oprobio, que muera. iLlevatela, Dios mio! Asi me
hubiera muerto yo. iCuanto mas me valiera no haber nacido!
--Los mismos furores de siempre. Esta V. como atormentada de un espiritu
maligno. Yo me lo sabia. Yo tengo la culpa de todo. Yo hubiera debido
robar a mi hija de la casa de V., y criarla conmigo, y hacerla dichosa,
y darle mi nombre.
--Bendito sea Dios porque no ha sido asi. iCriada mi hija por un impio!
?Que hubiera sido de ella? iDebe de ser repugnante una mujer sin
religion!
-No se lo que sera una mujer sin religion, ni hubiera sido mi proposito
que mi hija no la tuviera. Lo que se es que una mujer exaltada por el
fanatismo religioso puede hacerse insufrible.
--iQue feliz seria yo si tal hubiera aparecido a los ojos de V. desde
el principio! iCuantos males se hubieran evitado! Pero V. pensaba
entonces de otra manera, y me persiguio con constancia, me pretendio con
terquedad, y no hubo medio de seduccion, ni mentira, ni engano, ni
blandura de regaladas palabras, ni encarecimiento de amante que muere de
amor, ni promesa de darme toda el alma, que V. no emplease para vencer
mi honrado desvio. Llego V. a alucinarme hasta el extremo de anhelar yo
perderme por salvar a V. iAquel si que fue delirio! ?Pues no llegue a
sonar con que, cayendo yo, iba a ganar su alma de V. y a sacarla de la
impiedad en que estaba sumida? ?Pues no me desvaneci hasta el punto de
creer que, incurriendo con V. en el pecado, h
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