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de la tarde, estando D. Fadrique en su estancia, oyo pisadas
de caballos que paraban cerca. Salio al balcon y vio apearse a D.
Valentin, que volvia de la caseria.
Llego la noche y no parecio el P. Jacinto.
Don Fadrique echaba a volar su imaginacion con vuelo siniestro. Hacia
las suposiciones mas extranas y dolorosas. --?Que habra sucedido?-- se
preguntaba.
A las ocho de la noche, por ultimo, el Comendador vio aparecer al P.
Jacinto bajo el dintel de la puerta de su cuarto.
Al verle, le dio un vuelco el corazon. El padre traia la cara mas grave
y melancolica que habia tenido en su vida.
--?Que es esto? ?Que pasa? --dijo el Comendador.--?Donde ha estado V.
hasta ahora?
--?Donde he de haber estado? En casa de Dona Blanca, donde hice mal y
remal en introducirte traidoramente. iBuena la has hecho! ?Que demonios
te aconsejaron cuando hablabas? ?Que dijiste a la infeliz? iVaya un
berrinche que ha tomado! Esta mala. iDios quiera que no se ponga peor!
El Comendador se mostro consternado, se quedo mudo. El fraile anadio:
--Clarita es una santa. Alli la dejo cuidando a su madre. No se para que
todas estas desazones. La chica esta resuelta, firmemente resuelta. Todo
es inutil. Bien hubiera podido evitarse tu endemoniada conversacion con
la madre. Tiempo es de evitar aun que te arruines a tontas y a locas.
El Comendador, recobrando el habla, respondio:
--Lo hecho, hecho esta. Yo no gusto de arrepentirme. Yo no deshago mis
promesas. Yo no me vuelvo atras nunca. Lo que prometi a D. Casimiro y el
ha aceptado, tiene que cumplirse. Pero, ?que enfermedad es esa de Dona
Blanca? ?Sigue Clara poseida de su lugubre locura? Voto a todos los
demonios y condenados que hay en el infierno, que jamas hubiera yo
podido sonar que iba a ser victima de tan enrevesados sentimentalismos.
El Comendador se paseaba a largos pasos por la estancia. El padre le
miraba con pena y algo aturdido.
En esto, Lucia, que habia visto entrar al padre, asomo la rubia y linda
cabeza a la puerta, que habia quedado entornada, y dijo con dulce
ansiedad.
--Tio, ?que hay de nuevo?
--Nada, nina. Por Dios, dejanos en paz ahora que vamos a tratar asuntos
muy graves.
Lucia se retiro, lastimada de inspirar tan poca confianza.
XXVI
Cuando el padre y el Comendador se quedaron solos de nuevo, cerro este
la puerta e interrogo al padre en voz baja sobre lo que habia oido a
Dona Blanca, sobre lo que habia hablado con Clarita; pero nada saco en
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