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no que Clarita me infunde. Aseguro, no obstante, por mi honor, que
nada tiene de lo que tu imaginas. Si me quieres tu un poco, y si me
respetas, te suplico, y si crees que puedo mandarte, te mando que
apartes de ti ese pensamiento. Yo quiero a Clarita, aunque entre ella y
yo no median los vinculos de la sangre, del mismo modo que te quiero a
ti, que eres mi sobrina: con amor casi paternal, con el amor que es
propio de los viejos.
--iPero si V. no es viejo, tio!
--Pues aunque no lo sea. No amo a Clarita de otro modo. Y si esto sigue
pareciendote raro, no caviles ni busques mas hipotesis para explicartelo
satisfactoriamente.
--Esta bien, tio. Suspendere mis tareas de forjar hipotesis.
--Eso es lo mas prudente.
--Ya que no valen las hipotesis, ?vale hacer preguntas?
--Hazlas.
--?Persiste V. en favorecer los amores de Mirtilo?
--Persisto y persistire mientras Clara crea yo que le ama.
--?Espera V. triunfar de la tenacidad de Dona Blanca e impedir la boda
con D. Casimiro?
--Lo espero, aunque es dificil.
--?Me atrevere a preguntar de que medios va V. a valerse para vencer esa
dificultad?
--Atrevete; pero yo me atrevere tambien a decirte que esos medios no
tienes tu para que saberlos. Confia en mi.
-Aunque V., tio, esta tan misterioso conmigo, que todo se lo calla, voy
a portarme con generosidad: voy a revelar a V. mis secretos. Se que Don
Carlos de Atienza le escribe a V. Tambien a mi me ha escrito. Pero V. no
ha hecho lo que yo. V. no ha puesto al pobre desterrado en comunicacion
con Clara: yo si. Yo he escrito a Clara tres cartas nada menos, y a
fuerzas de suplicas he logrado que el P. Jacinto se las entregue. En mis
cartas copio a Clara algunos parrafos de los que me ha escrito D.
Carlos.
--Ese secreto le sabia en parte. El P. Jacinto me habia dicho que habia
entregado tus cartas.
--Pues, ?vaya que no sabe V. otra cosa?
--?Que?
--Que Clara me ha contestado. La contestacion vino ayer por el aire,
como la carta primera que juntos leimos.
--?Tienes ahi la nueva carta?
--Si, tio.
--?Quieres leerla?
--No lo merece V.; pero yo soy tan buena, que la leere.
Lucia saco un papel de su seno.
Antes de leer, dijo:
--En verdad, tio, esto me pone muy cuidadosa y sobresaltada. Clara, en
los dias que lleva de soledad, ha cambiado mucho. iHay en su carta tan
singular exaltacion, tan profunda tristeza, tan amargos pensamientos!...
--Lee, lee --dijo el Comendador con viva emocion. Lu
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