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te sus propias inspiraciones.
La prudencia del Comendador se vio coronada del exito al cabo de pocos
dias.
Dona Blanca, persuadida de que la subita vocacion de su hija era sincera
y profunda, tuvo con D. Casimiro una conversacion muy afectuosa y grave,
y le dio sus pasaportes.
El P. Jacinto pondero el fervor de Clara y animo a Dona Blanca para que
a la mayor brevedad la dejase entrar de novicia en un convento de
carmelitas descalzas que en la ciudad habia.
D. Valentin se avino a todo sin chistar.
Clarita hubiera, pues, entrado en seguida en el convento, como lo
deseaba y lo pedia; pero la crisis de su alma habia influido
poderosamente sobre su hermoso cuerpo. Sus ojeras eran mas obscuras y
extensas que de ordinario; habia adelgazado mucho; la palidez de su
rostro hubiera inspirado miedo, si su rostro no hubiera sido tan
hermoso; su distraccion y su embebecimiento parecian a veces mas propios
de un ser del otro mundo que de una criatura de este, y en su andar
vacilante y en el brillo momentaneo de sus ojos, seguido siempre del
prolongado adormecimiento de tan divinas luces, habia como un mal
agueero, como un anuncio fatidico, que no pudo menos de perturbar la
ferrea conciencia de Dona Blanca, de doblegar bastante su
inflexibilidad, y de aterrarla por ultimo.
Las causas del cambio de Clara eran vagas y confusas; pero Dona Blanca
reconocia que de su modo de educar a Clara, de su involuntario y tenaz
prurito de mortificarla y asustarla con los peligros del mundo y con su
propia condicion de pecadora, y de aquel duro yugo que desde la infancia
habia hecho pesar sobre la conciencia de su infeliz hija, provenia en
gran parte la situacion en que se hallaba. El motivo, o mejor dicho, la
ocasion de exacerbarse el mal y de aparecer de repente con tan medrosos
sintomas, era para todos un misterio. Esto no obstaba para que Dona
Blanca empezase a temer que pudiera caer sobre ella el crimen de
infanticidio por esquivar el delito de hurto.
Dona Blanca procedio, pues, con inusitada blandura y exquisita
prudencia; pero sin desmentir su caracter y sin faltar a su mas
importante proposito.
No contenta con estar persuadida de la firme resolucion que tenia Clara
de tomar el velo, hizola prometer que profesaria. Y esto de suerte que
la promesa no parecio arrancada por instigacion de Dona Blanca, sino a
su despecho. Asi se aseguraba Dona Blanca de que su hija, renunciando al
mundo, renunciaria a los bienes de D. Valentin y no
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