|
hubiese otro
tal hombre como el en todo el mundo.
A D. Fadrique le parecia Lucia tan bonita, tan buena y tan inteligente
como Clara, que era todo cuanto el podia encarecer la alabanza, alla en
su pensamiento. La alegria de Lucia concordaba ademas muchisimo mejor
con el caracter del Comendador que la seriedad un poco triste que Clara
habia heredado de su madre.
El Comendador, que al fin no era una criatura inexperta, conocio pronto
que amaba a Lucia y que de ella era amado; pero, pensando en su edad y
en el idilio de D. Carlos, no se atrevia a declarar su amor, si bien le
manifestaba con su constante solicitud en servir a Lucia.
Ella no atinaba, entre tanto, a comprender la timidez del Comendador, a
quien juzgaba enamorado.
De aqui que se dijesen toda clase de requiebros y finezas, que
literalmente podrian tomarse por efecto de amistad tiernisima, pero que
ocultaban el fervoroso espiritu de verdadero amor.
Don Fadrique, a mas de sus anos, creia tener otro inconveniente, que en
su delicadeza no le permitia aspirar a ser amado de Lucia. Este otro
inconveniente era su pobreza; pero Lucia, precisamente por esa pobreza y
por el motivo que la habia causado, amaba y admiraba mas al Comendador.
El descuidado desden, la alegre calma y el nada trabajoso ni lamentado
abandono con que D. Fadrique se habia desprendido de mas de cuatro
millones, valian mas de mil en la poetica y generosa mente de Lucia.
Esta llego a veces a preguntar a su tio (sabido es que tenia el defecto
de ser muy preguntona) que por que no se casaba.
Cuando el tio le contestaba que porque era viejo, Lucia le aseguraba que
era mozo o que estaba mejor que los mejores mozos. Cuando el tio
contestaba que porque era pobre, Lucia afirmaba que la paga de oficial
retirado era mas que suficiente; que ademas la chacha Ramoncica estaba
poderosisima con lo que habia ahorrado, e iba a dejarle por heredero, y
que, por ultimo, podia casarse con una rica.
Todo esto lo decia Lucia con mil rodeos y disimulos; pero el Comendador,
si bien lo comprendia, juzgaba aun que ella podia enganarse y tomar por
amor otros sentimientos de respeto y afeccion casi filial; por donde no
hallaba justo ni honrado prevalerse tal vez de una alucinacion de
aquella linda muchacha para lograr lo que consideraba una felicidad para
el.
En esta situacion se hallaban Lucia y el Comendador la noche en que se
celebro la boda de Clara y de D. Carlos en casa de D. Valentin.
El Comendador e
|