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nula.
Clarita al cabo la anulo, haciendo otra promesa dulcisima para D.
Carlos. Le prometio darle su mano, confesandole al fin que le amaba.
Una alambicada cavilacion habia detenido a Clara en dar el si a D.
Carlos. Clara juzgaba probable que D. Casimiro muriese sin sucesion y
que alguna parte de los bienes del rescate viniese a ella; pero hasta
esta duda, que si bien delgada y sutil, la mortificaba, se disipo del
todo.
Nicolasa, o mejor dicho, la senora Dona Nicolasa Lobo de Solis, esposa
legitima de D. Casimiro, dio a luz un robusto infante.
Cuando el Comendador, al volver un dia de Villabermeja, trajo esta
noticia, fue Lucia la primera persona a quien se lo comunico.
--Calle V., tio --exclamo la muchacha;-- de seguro que el nino de D.
Casimiro sera un escomendrijo; parecera un gazapillo desollado.
--No, sobrina --contesto el Comendador;-- el recien nacido Solis es
fuerte como un becerro.
Asi era la verdad, segun hemos sabido despues. El primogenito de los
Solises parecia, no un becerro, sino un toro.
Don Casimiro era el varon mas bienaventurado de la tierra. Estaba lleno
de satisfaccion y de orgullo de verse tan amado de su mujer, y de tener
por hijo a un Hercules tebano, sin pensar en el Saturnio y sin mirarse
como Anfitrion, pues ignoraba la mitologia.
El tio Gorico, desde el casamiento de Nicolasa, habia empezado a pugnar
porque le llamasen Don Gregorio; habiase jubilado del oficio de Abraham
y del de pellejero, y no se empleaba mas que en beber aguardiente y
rosoli, y en ponderar la ventura y la grandeza de su hija, sus virtudes
y la vida beata que daba a su ilustre esposo.
Despues del bautismo de la criatura, iba el tio Gorico de casa en casa,
refiriendo el jubilo de su yerno, quien ya se volvia hacia la cama donde
estaba Nicolasa, ya hacia la cuna donde estaba el nino, y ya se paraba a
igual distancia de la cama y de la cuna, y exclamaba, levantando las
manos al cielo:
--iDios mio! iDios mio! ?Que he hecho yo para ser tan dichoso?
En efecto, la dicha pudo mas que D. Casimiro, y pronto le hundio en la
sepultura.
Aunque sea adelantar los sucesos, se dira aqui que la viuda llevo una
vida retirada, sin recibir ni tratar, durante un ano, sino al platonico
Tomasuelo, y que tuvo dos gemelos postumos, los cuales, si el
primogenito merecia llamarse Hercules, no merecian menos pasar por
Castor y Polux.
La rectitud de la conciencia de Dona Blanca y sus severos fallos,
hallando un leal y dec
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