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cieron independientes de ella, rompieron todo freno; y, buscando y
hallando maquinal e instintivamente palabras adecuadas en que
formularse, salieron del pecho en descompuestas voces.
Dona Blanca se incorporo en la cama; miro con ojos extraviados a Lucia y
a Clara y al fraile, y hablo de esta manera:
--iVete, Valentin! ?Por que quieres matarme con tu presencia? Matame
con un punal... con una pistola. Echame una soga al cuello y ahorcame.
No seas cobarde. Toma la debida venganza.
--Sosiegate, Dona Blanca --interrumpio el fraile, a quien ella se
dirigia como si fuera D. Valentin.--Sosiegate; tu marido esta fuera...
Idos, muchachas --anadio, dirigiendose a las dos amigas.--Dejadme solo
con la enferma, a ver si logro que se sosiegue.
Clara y Lucia, como si estuviesen alli clavadas, no se movieron. Dona
Blanca prosiguio:
--Ten valor y matame. Tu honra lo exige. Es necesario que mates tambien
al Comendador. Esta condenado. Se ira al infierno y me llevara consigo.
--iMadre, madre, V. delira! --exclamo Clara.
--No, no deliro --respondio Dona Blanca.-- Y tu, necio --anadio
dirigiendose al fraile,-- ?eres ciego? ?no la ves? --y senalaba con el
dedo a su hija.-- iComo se le parece! iDios mio! iComo se le parece! Es
un retrato suyo. iApartate de mi vista, vivo testimonio de mi vergueenza!
Clara, llena de horror y de ansiosa curiosidad a la vez, oia a su madre y
pugnaba por comprender todo el arcano tremendo. Al sonar las ultimas
palabras, que iban dirigidas a ella, se cubrio Clara el rostro con ambas
manos.
--Bien puedes estar satisfecha --continuo Dona Blanca.-- Te tenia
olvidada; pero al cabo se acordo de ti e hizo un gran sacrificio. Ya
pago de antemano lo que has de heredar de mi marido. Te rescato de Dios
para entregarte al mundo. Quedate en el mundo. Tu no puedes ser monja.
La mala sangre del Comendador hierve en tus venas. ?Como dudar que eres
la hija maldita de aquel impio?
Clara, al oir estas ultimas palabras, dio un grito inarticulado y cayo
desmayada entre los brazos de Lucia.
Lucia saco a Clara fuera de la alcoba, sosteniendola por debajo de los
brazos y tirando de ella.
Dona Blanca, entre tanto, no pudiendo resistir mas a la honda emocion,
extenuada, rendida, cayo de nuevo en la cama, con temblor convulso y
rigidez de los tendones, lo cual fue cediendo con lentitud y dando lugar
a un desfallecimiento profundo.
El P. Jacinto acudio entonces a donde estaba Clara, que Lucia habia
recostado en
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