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nspirado a mi hija tales ideas y tales
sentimientos.
--Por amor del cielo, mi senora Dona Blanca, yo no se por quien conjurar
a V., en nombre de quien suplicarle, que no involucre las cosas, que no
me oiga con prevencion, que atienda al bien de su hija, y que no dude
de que yo vengo aqui, la molesto con mi presencia y la mortifico con mis
palabras, sin prevencion tambien, y solo por el deseo de ese bien
impulsado. ?Como he de condenar yo el santo temor de Dios, el
menosprecio del mundo, si es razonable, y la humildad cristiana, que nos
lleva a desconfiar de nuestra flaca y pecadora naturaleza? Lo que yo
condeno es el delirio. Concederia que Clara tomase el velo aun cuando no
le tomase despues de pensarlo reflexivamente; aun cuando lo tomase por
un rapto fervoroso de devocion; pero lo que no concedo, lo que no
consiento es que le tome en un arrebato de desesperacion. Seria un
suicidio abominable y sacrilego.
--?Y de donde infiere V. que Clara esta desesperada? ?Quien se lo ha
dicho a V.? ?Que motivos tiene ella para desesperarse?
--Nadie me lo ha dicho. Basta mirar a Clara para conocerlo. Usted misma
lo conoce. No disimule V. que lo conoce. Si no temiese V. hasta por su
vida corporal, ?no hubiera ya dejado que entrase en el convento? Al
darle ahora la libertad que le da, ?no lo hace V. excitada por el deseo
de que su salud se mejore? En cuanto a los motivos de su desesperacion,
concretamente yo los ignoro; pero los percibo de cierta manera confusa.
Usted la ha hecho dudar de si mas de lo que debiera: sin prever un
resultado tan funesto, ha infundido V. en su espiritu que esta
predestinada a pecar si no busca asilo al pie de los altares. En suma,
V. la ha envenenado con tal desconfianza, que ella, al sentir los
latidos de su corazon juvenil y la lozania de la vida en su verde
primavera; al ver el fuego, si puro, ardiente de sus ojos; al oir la voz
de la naturaleza, que la incita a que ame; al sonar acaso con licitas
venturas, logradas en este mundo al lado de un ser de su misma humana
condicion, se ha figurado que era presa de impuras pasiones, se ha
creido perseguida por los monstruos del infierno, y para no ser ella un
monstruo, ha querido refugiarse en el santuario.
--Demos que todo eso sea exacto --replico imperturbable Dona Blanca.--
Demos que los hechos son los mismos para V. y para mi. La diferencia
subsistira siempre en la manera de apreciarlos. Si Clara se va al
claustro, no ya por puro amor de Dios, sino
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