|
Carlos de Atienza compartio la alegria de su mujer, y recordando que
debia una especie de satisfaccion al Comendador, el cual se habia creido
aludido cuando le oyo leer el idilio contra el viejo rabadan, compuso
otro idilio en defensa de un rabadan no tan viejo y en alabanza del amor
de los rabadanes.
Este segundo idilio, que viene a ser como la palinodia del primero, se
conserva aun en los archivos de Villabermeja, de donde mi amigo D. Juan
Fresco me ha remitido copia exacta y fidedigna, que traslado aqui para
terminar. El idilio es como sigue:
IDILIO
En la vid, con sus pampanos lozana,
Relucen cual topacio los racimos.
Quita lluvia temprana
Al alma tierra la aridez estiva,
Y los frutos opimos
Medran con nuevos jugos en la oliva
Y en el almendro que entre riscos brota.
Recobra el claro rio
El caudal que perdiera en el estio;
Y el aspera bellota
Se madura y endulza entre el pomposo
Follaje, donde el viento,
Para las gentes de la edad primera,
Con fatidico acento
La voluntad de Jupiter dijera.
No como en primavera
El campo esta de flores matizado;
Que el labrador cansado
En las flores cifraba su esperanza,
Y ora en cosecha sazonada alcanza
El premio de su afan y su cuidado.
Embalsama el membrillo con su aroma
Los cefiros ligeros;
Y en el limon y en la madura poma,
Y en los sabrosos peros
El oro luce y el carmin asoma.
Que brillaron en rosas y alelies;
Mientras, por celos de su flor, empieza
A romper la granada su corteza,
Descubriendo un tesoro de rubies.
Con la otonal frescura
Nace la nueva hierba, y su verdura
La palidez de los rastrojos cubre.
Serena esta la esfera cristalina,
Y hacia el rojo Occidente el sol declina
En una hermosa tarde del Octubre.
Filis, la pastorcilla sonadora,
Bella como la luz de la alborada,
Abandonando ahora
Su tranquila morada,
Va de las ninfas a la sacra gruta;
Y en vez de flores, por presente lleva
Un canastillo de olorosa fruta.
Con que a vencer la resistencia prueba
Que hacen a sus amores
Las Ninfas que en el suelo
A Cupidos traviesos y menores
Dan vida y ser contra el amor del
|