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un sofa.
Clara volvio en si del desmayo, exhalo un suspiro y rompio a llorar con
desatado y copioso llanto.
--iClara, amiga querida! dijo Lucia.
--Calmate, nina, calmate, --exclamo el P. Jacinto.
--iDios santo y misericordioso! --dijo Clara.--Tu mano omnipotente me
hiere y me sana al propio tiempo. iPobre madre mia de mi alma! iCuan
infeliz has sido! Y el... iay! el... no puede ser impio y perverso como
tu supones... iAhora comprendo por que y como yo le amaba!
XXIX
La enfermedad siguio su curso ascendente. Tres dias despues de la escena
que hemos descrito, Dona Blanca estaba tan mal, que no habia esperanza
de salvarla.
Su hija y Lucia la habian cuidado, la habian velado con el mayor carino
y esmero.
Los accesos de delirio se habian renovado con largas intermitencias de
postracion.
La cabeza de Dona Blanca se despejo al cabo por completo; pero su estado
era digno de lastima: la respiracion, corta y anhelante; la voz,
alterada y ronca; imposibilidad de estar acostada; necesidad de estar
incorporada.
Los medicos declararon al P. Jacinto que habia sobrevenido un grave
impedimento a la circulacion de la sangre en el mismo corazon, y que, si
crecia el impedimento, se seguiria la muerte.
El padre dejo percibir a Clara aquel terrible pronostico, con la mayor
delicadeza que pudo, y confeso y administro a la paciente.
En aquel momento supremo, a las puertas de la eternidad, Dona Blanca
depuso la dureza de su genio, su orgullo y su amargura, y no guardo en
el alma sino la fe vivisima, que hizo renacer en ella las esperanzas
ultramundanas y abrio el manantial de las mas puras consolaciones.
Dona Blanca llamo a D. Valentin, le abrazo y le suplico que la
perdonase. D. Valentin, muy afligido y lloroso, y no menos humilde,
contesto que nada tenia que perdonar; que el era el culpado, pues no
habia sabido hacer dichosa a una mujer tan santa y tan buena.
El rostro macilento de Dona Blanca se tino entonces de ligero rubor. Sus
labios exhalaron un triste suspiro.
A Clara la llamo a si Dona Blanca, le dio un beso en la frente, y le
dijo al oido con acento apenas perceptible:
--Di a tu padre que le perdono. Tu, hija mia, sigue los impulsos de tu
corazon. Eres libre. Se honrada. No te cases si no le amas mucho. Mira
no te enganes. Lo se todo... Me lo ha dicho el padre Jacinto. Si le amas
y merece tu amor, casate con el.
Pocos instantes despues exhalo Dona Blanca el ultimo suspiro, diciendo
con aho
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