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uanto pretendiente se acercaba a Nicolasa era respetado por Tomasuelo,
quien no le ponia el menor estorbo, durante los preliminares y
coqueteos; pero si mas tarde se extralimitaba y dejaba ver que venia con
mal fin, ya podia temer el enojo y las pesadas manos de aquel hermano
adoptivo, celoso de la honra de su familia. Asimismo Tomasuelo se ponia
zahareno y poco agradable en su trato con todo aquel rival que por
cualquier causa era despedido definitivamente y seguia importunando.
Don Casimiro habia estado, antes del noviazgo con Clara, en un largo
periodo de coqueteo con Nicolasa, la cual, con exquisita circunspeccion,
habia sabido ir templando y moderando la maquina de los efectos, a fin
de no precipitar al hidalgo en declaraciones y demostraciones tales, que
no tuviesen ya mas salida que la de ponerle en la disyuntiva de prometer
boda o de abandonar la empresa. Gracias a esta conducta, que pasa de
habil y raya en primorosa, D. Casimiro no habia sido despedido; sus
amores con Nicolasa habian sido como aurora, como amanecer poetico de un
dia, que no llego por haberse interpuesto el compromiso con Clarita.
Roto ya este compromiso, don Casimiro pudo volver, previo el perdon de
su inconsecuencia, pedido con humildad y concedido magnanimamente, al
mismo punto en que lo habia dejado: al amanecer, a la aurora.
Las cosas estaban dispuestas con tal arte, que en lugar de escamarse un
pretendiente con Tomasuelo, lo primero que tenia que hacer era como
impetrar el beneplacito de aquel espiritual hermano, tan celoso,
vigilante e interesado en el bien de su hermanita. D. Casimiro obtuvo la
confianza y venia de Tomasuelo, y lo considero buena senal.
Abandonada la ciudad, y vuelto D. Casimiro a reales de Villabermeja, se
puso a galantear a Nicolasa con la imprudencia y el impetu del
despechado. Ella era harto discreta para no conocer que entonces o
nunca: que la fortuna le presentaba el copete y que importaba asirle. D.
Casimiro buscaba en Nicolasa refugio y compensacion contra el desden de
Clarita. D. Casimiro estaba en su poder.
Nicolasa provoco la declaracion seria y definitiva. Hecha esta, planteo
los dos terminos del fatal dilema: o promesa formal de casamiento, o
despedida y nuevas calabazas ruidosas. D. Casimiro no pudo resistir y
prometio casarse.
Espantoso dia de prueba fue aquel en que supo este triunfo el platonico
Tomasuelo. Hasta entonces no habia tenido rival que fuese mas dichoso
que el. Ya le tenia. La amargur
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