|
ase, le dijo:
--Vayase V., D. Fadrique, vayase V. ?Que palabras, que explicaciones
pueden mediar entre nosotros, que no produzcan una tempestad, sobre todo
si nos hablamos sin testigos? ?Para que me busca V.? ?Para que me
provoca? No podemos hablarnos; apenas si podemos mirarnos sin herirnos
de muerte. ?Es V. tan cruel, que desea matarme?
--Senora --contesto el Comendador:-- si no creyese que cumplo un deber
imperioso viniendo hasta aqui, no hubiera venido. Cuando penetro
furtivamente en esta sala, es porque tengo razones suficientes para
ello.
--?Que razones alega V. para venir a turbar mi reposo?
--El interes que me inspira un ser a quien me une estrechisimo lazo.
--Muy disimulado, muy oculto ha tenido V. ese interes durante diez y
seis anos. No se ha acordado V. de ese ser hasta que por casualidad ha
tropezado con el en su camino. Ha sido menester que salga V. de paseo
con una sobrina suya, y que esta sobrina tenga una amiga, y que esta
amiga vaya con ella, para que el amor paternal, que vivia latente y ni
siquiera sospechado alla en las profundidades de su magnanimo corazon,
se revele de pronto y de gallarda y briosa muestra de si. Si el acaso no
nos hubiese traido a vivir en la misma poblacion, o si Clara no hubiese
sido amiga de Lucia, aunque en la misma poblacion viviesemos, su
interes de V., su amor paternal, sus deberes imperiosos, confieselo V.,
dormirian tranquilos en el fondo de esa envidiable y harto comoda
conciencia.
--Justo es que me moteje V. No debo defenderme. Confieso mi culpa. Voy,
con todo, a tratar de explicarla y de atenuarla. Yo no podia sospechar
que al lado de V., bajo el amparo de una madre carinosa, corriese mi
hija ningun peligro, hallase motivo para ser desventurada.
--Su desventura no proviene de mi solamente. Su desventura proviene del
pecado en que fue concebida, y del cual ni V. ni yo, que somos los
pecadores, podemos salvarla ni redimirla.
--Ella no es responsable: nadie es responsable de faltas que no comete.
Esa transmision es un absurdo. Es una blasfemia contra la soberana
justicia y la bondad del Eterno.
--No llevemos la conversacion por ese camino, Sr. D. Fadrique. Si a V.
le parece blasfemia lo que yo creo, impiedad y blasfemia me parece a mi
cuanto V. dice y piensa. ?A que, pues, hablar conmigo de Dios? Deje V. a
Dios tranquilo, si por dicha cree en El, alla a su modo. La desventura
de mi hija, llamela V. fatal, llamela como guste, procede de su
nacimiento.
|