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Casimiro resolvio enamorar estrepitosamente a
Nicolasa, esperando que asi daria picon a la futura carmelita, o
probaria al menos que tenia por amiga una mujer de mucho merito.
Nicolasa, en efecto, lo era. Hija del tio Gorico y de su primera mujer,
alcanzaba fama en casi toda la provincia por su singular hermosura,
discrecion y rumbo. Caballeros, ricos hacendados y hasta usias o senores
de titulo, menos comunes entonces que ahora, habian suspirado en balde
por Nicolasa, la cual, con modesta dignidad, habia respondido siempre en
prosa aquello que dice en verso cierta dama de una antigua comedia nada
menos que al Rey:
Para vuestra dama, mucho;
Para vuestra esposa, poco.
Nicolasa excitaba y provocaba con sus risas, con sus ojeadas languidas y
con su libertad y desenvoltura. Los hombres se prendaban de ella, la
perseguian y se llenaban de esperanzas; pero, no bien querian
propasarse para que se lograsen, Nicolasa se revestia de gravedad y
entono, propios de la mejor heroina de Calderon, hablaba de la
inestimable joya de su castidad y limpisima honra, y ponia a raya todo
atrevimiento, todo desman y todo proposito amoroso algo positivo que no
llevasen por delante al padre cura.
Nicolasa habia heredado de su madre ciertas prendas que valen mas que
los bienes de fortuna, porque los conservan, si los hay, y suelen
proporcionarlos, si no los hay. Tenia don de mando y don de gentes,
extraordinaria energia de voluntad y perseverancia en sus planes. Se
habia propuesto o ser una senorona principal o quedarse para vestir
imagenes, y, sirviendole esto de pauta, ajustaba a ella todos los actos
de su vida.
Aunque el tio Gorico habia contraido segundas nupcias, y Nicolasa tuvo
madrastra en vez de madre casi desde la infancia, lejos de contribuir
esto a que se criase con menos mimo, habia ocasionado lo contrario. La
madre de Nicolasa habia sido tremenda, dominante, feroz: una Dona Blanca
a lo rustico; mientras que Juana, la segunda mujer del tio Gorico, era
la propia dulzura, sometida siempre a su marido, quien a su vez no hacia
mas que lo que a Nicolasa se le ocurria. Nicolasa lo podia y mandaba
todo en casa de su padre, menos impedir que el tio Gorico dejase de
beber bebida blanca.
Los preliminares amorosos de Nicolasa, que estaba entre los veinte y
los treinta anos de su edad, habian sido ya innumerables. Todos sus
amores habian muerto al nacer. A los pretendientes encopetados los habia
Nicolasa despedido, apelando al cura
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