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meritos de sus respectivos confesores. Por lo demas, como Dona Antonia
no tenia voluntad ni opinion, y de todo se le importaba lo mismo,
francamente no era gran prueba de sumision y deferencia en Lucia el no
discutir nunca con su madre, salvo sobre el capuchino, y alguna que otra
vez, aunque raras, acerca de la Virgen de Araceli. Lucia no era muy
devota, y careciendo de otra Virgen predilecta, concedia pronto a su
madre la superior excelencia de la suya.
La unica causa de disidencia era, pues, el P. Jacinto, en quien Lucia
hallaba superior entendimiento e ilustracion; mas al cabo, como buena
hija que era, y a fin de contentar a su madre, declaraba que el
capuchino habia reunido a un sinnumero de malos casados, que andaban
campando por sus respetos y viviendo aparte engolfados en mil
marimorenas, y habia logrado que no pocos pecadores y pecadoras dejasen
las malas companias y peores tratos, e hiciesen vida ejemplar y
penitente: de todo lo cual podia jactarse muchisimo menos el P. Jacinto;
de donde inferia Lucia que el capuchino era mejor director espiritual de
los extraviados, y el P. Jacinto mejor director de los que estaban en el
buen sendero o dentro del aprisco. El uno valia para vencer y reducir a
la obediencia a los rebeldes; el otro para gobernar sabia y blandamente
a los sumisos.
Con esto se aquietaba Dona Antonia y vivia en santa y dulce paz con su
hija, a quien habia ensenado todas sus habilidades caseras, reconociendo
la maestra, sin envidia y con jubilo, que casi siempre se le aventajaba
ya la discipula. Lucia bordaba con todo primor, en blanco, en seda y en
oro; hacia calados, pespuntes y vainicas como pocas, y en guisos y
dulces nadie se le ponia delante, que no saliera con la ceniza en la
frente. Solo resplandecia aun la superioridad de Dona Antonia en las
faenas de la matanza. Era un prodigio de tino en el condimentar y
sazonar la masa de los chorizos, morcillas, longanizas y salchichas; en
adobar el lomo para conservarle frito todo el ano, y en dar su
respectivo saborete, con la adecuada especieria, a las asaduras, que ya
compuestas llevan siempre el nombre de pajarillas, sin duda porque
alegran las pajarillas de quien las come, y a los rinones, mollejas,
higado y bazo, que se preparan de diverso modo, con clavo, pimienta y
otras especies mas finas, excluyendo el comino, el pimenton y el
oregano.
El lector no ha de extranar que entremos en estos pormenores. Convenia
decirlos, y, distraidos con la
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