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abia de levantarle y
traerle luego conmigo en la purificacion y en la penitencia? ?De que
artificios no se vale el demonio para envolvernos en sus redes? Yo
estaba ciega. Crei ver en V. un hombre extraviado que me enamoraba, que
estaba prendado de mi, a quien por amor mio iba yo a cautivar el alma,
haciendola capaz de mas altos amores. No adverti que ni siquiera era V.
capaz del bajo y criminal amor de la tierra. Usted buscaba solo la
satisfaccion de un capricho, un goce facil, un triunfo de amor propio.
V. creyo que, una vez vencido mi desvio, que despues de un instante de
pasion y de abandono, todo seria paz, todo lo olvidaria yo por V., para
que V. me hallase siempre sumisa, alegre, con la risa en los labios. V.
imagino que yo iba a matar en mi alma todo remordimiento, toda
vergueenza, toda idea del deber a que habia faltado, todo temor de Dios,
todo respeto a mi honra, todo sentimiento amargo de su perdida, todo
miedo a las penas del infierno, todo aguijon en la conciencia. Se
equivoco V., y por eso le pareci insufrible. Era V. dueno de mi alma;
pero, asi como en tierra de valientes y generosos, que jamas olvidan lo
que deben a su patria, solo posee el feroz conquistador la tierra que
pisa, asi V. no me poseia sino cuando hasta de mi misma me olvidaba.
Cuando no, me alzaba yo contra V., trataba de limpiar mi culpa con la
penitencia, y luchaba siempre por libertarme. ?Cuanto, no obstante,
hubiera debido enorgullecer a V. cada una de sus victorias, aun siendo
impio, si hubiera V. acertado a comprender la grandeza sublime y
tempestuosa de las grandes pasiones? Horribles eran aquellas frecuentes
luchas; pero V., cuando triunfaba, triunfaba, no solo de mi, sino de los
angeles que me asistian; de mi fe profunda; del cielo, a quien yo
invocaba; del principio del honor arraigado en mi alma, y de mi
conciencia acusadora y severa contra mi misma. V., que solo buscaba
alegria y deleite, se fatigo de luchar. Asi me liberte del cautiverio
infame. Alabado sea Dios, que lo dispuso. Alabado sea Dios, que ha
castigado despues tan justamente mi culpa; pero, se lo confieso a V.,
el castigo que mas me ha dolido siempre, el que mas me duele todavia, es
el tener que despreciar al hombre que he amado. Ya lo sabe V. Usted me
halla insufrible: yo le hallo a V. despreciable. Vayase de aqui. Salga
de aqui, o hare que le echen. ?Quiere V. delatarme? ?Quiere V.
declararme culpada? Hagalo. No temo ya desventura ni humillacion, por
grande que sea.
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