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tener a D. Casimiro por yerno. Don Casimiro, pues, desde que
empezo a ser novio de Clara, se puso mas orondo y satisfecho que antes.
Terrible fue el desengano cuando Dona Blanca le despidio. El enojo
interior de D. Casimiro no fue menos terrible; pero el era encogido y
muy torpe para expresarse; Dona Blanca hablaba bien y con autoridad e
imperio, y el Sr. D. Casimiro se trago su enojo, y recibio los
pasaportes, hecho manso cordero.
Como sucede a todas las personas debiles y soberbias a la par, la ira de
D. Casimiro se fue aglomerando despues y poco a poco en el corazon,
cuando se detuvo a considerar el chasco que se le daba y el desaire
grandisimo que se le hacia.
Cierto que el rival por quien Clara le dejaba era Dios mismo; pero D.
Casimiro no se aplacaba con esto.
--?Si querra ser monja --decia,-- para no casarse conmigo? Valiera mas
haberlo pensado con tiempo y no ponerme en ridiculo ahora. Sin duda que
para mi es menos cruel que me deje por tan santo motivo que no que me
deje para casarse con otro mortal. Yo no hubiera consentido esto ultimo.
Nos hubieran oido los sordos. Yo hubiera tenido un lance con mi rival.
Pero ?contra Dios que he de hacer?
Don Casimiro se consolaba algo con la imposibilidad de tener un lance
con Dios, y hasta con la obligacion piadosa en que se veia de
resignarse.
Su encono contra Dona Blanca y contra Clarita no se mitigaba, a pesar de
todo. No habia quedado perro ni gato, en diez leguas a la redonda, a
quien D. Casimiro no hubiera dado parte de su ventura. Ahora, su caida y
su desventura debian de ser e iban siendo no menos sonadas, y, por
desgracia, harto mas aplaudidas.
La vanidad del hidalgo bermejino recibia desaforados golpes. Pero ?como
vengarse?
--La venganza es el placer de los dioses --exclamaba a sus solas el
dichoso hidalgo;-- pero decididamente yo no soy un dios. ?Que me
conviene hacer? Es refran frailuno, y muy discreto, que _la injuria que
no ha de ser bien vengada ha de ser bien disimulada_. Disimulemos pues.
Tambien hay otro refran que reza: _Cachaza y mala intencion_. Sigamos lo
que prescriben dichos refranes. Lo primero que me importa es dejar ver
que no me afligen los desdenes de Clarita. Si ella no me quiere, otra
que vale tanto como ella, mas que ella, estoy seguro de que me querra.
Voy a volver a pretender a Nicolasa. No es rica, pero es mejor moza que
Clarita.
Sin desistir, por consiguiente, de vengarse si se presentaba ocasion
comoda para ello, D.
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