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Cielo.
No bien el antro con su planta huella,
Donde reinan las sombras y el reposo,
Con terror religioso
Se estremece la timida doncella.
Su presente coloca
De las silvestres Ninfas en el era.
Y altas razones de prudencia rara,
Que pone el Numen en su fresca boca,
Con esmerada concision declara:
"Ninfas, no os ofendais de mi desvio;
No deis vuestro favor a los zagales
Que cautivar pretenden mi albedrio.
Son como los rosales,
Que lucen mucho en la estacion florida
Y dan amarga fruta desabrida.
De su orgullosa mocedad el brio
Apetece y no ama;
Y con enojo en sus palabras leo
Que poetica llama
Ni ennoblece ni ilustra su deseo;
Y que el conato que imprimio natura
En todo ser viviente,
No se acrisola alli ni se depura
Del Cielo con la luz resplandeciente.
Ya se que los Cupidos,
Vuestros hijos queridos,
Dan a la tierra su vil tud creadora;
Mas el amor, que en el Empireo mora.
Esa misma virtud en ellos vierte,
Y difunde do quier su vida arcana,
Vencedora del mal y de la muerte.
Pues bien; la que se afana
Los misterios ocultos y supremos
Por saber de este Amor, ?lograrlo puede
Con un zagal sencillo y sin doctrina?
Las que tesoro tal gozar queremos,
?No es mejor que busquemos
Al varon sabio a quien el Dios concede
El vivo lampo de su luz divina?
Por esto, Ninfas, a mi Irenio adoro:
Como en arca sagrada,
Guarda dentro del alma inmaculada
Del Amor el tesoro;
Y arde su llama bajo el limpio hielo
Con que el tenaz trabajo de la mente
Corona ya su frente,
Como corona el cano Mongibelo.
Asi Irenio recobra por la ciencia
Lo que roba del tiempo la inclemencia.
iCuanto zagal con incansable mano
Toca el rabel en vano
Por carecer de gracia y maestria;
Mientras que Irenio, con su blando tino
Y su plectro divino,
Produce encantadora melodia,
Y hace sentir al alma lo que quiere,
No bien la cuerda hiere!
Si el zagal inexperto
Persigue al perdigon en la carrera,
O le pierde o le coge medio muerto;
Mas la diestra certera
Pone Irenio p
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