|
de los vientos que combaten la nave y hasta su
fragilidad y desgobierno. Esto tiene tambien sus peligros. Esto infunde
una desconfianza en las propias fuerzas que raya en cobardia. Esto nos
hace formar un concepto de la vida y del mundo mucho peor de lo que debe
ser. ?Como ha de negar un creyente que de resultas de nuestros pecados
el mundo es un valle de lagrimas; que el demonio tiende su red de
continuo para perdernos; que nuestra flaca condicion es propensa al mal,
y que es necesario el favor del cielo para no caer en las tentaciones?
Todo esto es innegable, pero conviene no exagerarlo. Una vez muy
exagerado, o hay que huir al desierto y hacer la vida ascetica de los
ermitanos, y entonces todo va bien, porque la belleza y la bondad que no
se ven en la tierra, se esperan, se presienten y casi se ven ya en el
cielo, en extasis y arrobos, o hay que dar, faltando el amor divino,
faltando la caridad fervorosa, en un desesperado desprecio de uno mismo
y en tal desden y odio a todo lo creado y a nuestros semejantes, que
hacen a quien asi vive odioso y enojoso a si y a los demas seres. Hija,
no se si me explico, pero tu eres perspicaz y me iras entendiendo. Otro
grave peligro nace tambien de tu metodo de educar. La conciencia se
halla con el mas apercibida y precabida para la lucha; pero al mancharlo
todo, se mancha; al inficionarlo todo, se inficiona; al presentir en
todo un delito, una impureza, provoca y hasta evoca las impurezas y los
delitos. Clarita tiene un entendimiento muy sano, un natural excelente:
pero, no lo dudes, a fuerza de dar tormento a su alma para que confiese
faltas en que no ha incurrido, pudiera un dia torcer y dislocar los mas
bellos sentimientos y convertirlos en sentimientos pecaminosos; pudiera
concebir del escrupulo de su conciencia, inquisidora del pecado, el
pecado mismo que antes no existia. No tengo que asegurarte que yo por
mil motivos no he procurado relajar la rigidez de los principios que has
inculcado a Clarita, si bien mi modo de ser me lleva, por el contrario,
a la indulgencia; a ver en todo el lado bueno, y a tardar muchisimo en
ver el lado malo, y a no descubrirle sino despues de larga meditacion.
Asi es que al principio, contrayendonos al asunto de la boda, no vi sino
el lado bueno. Vi que D. Casimiro es un caballero de tu clase, honrado,
religioso, prendado de Clarita y deseando hacerla feliz. Vi que,
casandose con ella, seguiria ella aqui y no se la llevarian lejos de su
madre y de n
|