|
P. Jacinto era fresco de veras; pero con Dona Blanca no habia
frescura que valiese. El pobre fraile estaba sofocado, rojo hasta las
orejas. Por el hubiera podido inventarse aquella frase con que se denota
que a alguien le han dado una buena descompostura: _tenia encarnadas las
orejas como fraile en visita_.
Hasta su lengua, que por lo comun estaba tan suelta, se le habia trabado
un poco y no atinaba a contestar.
Dona Blanca, notando aquel silencio, le excitaba a que se explicase y
anadia:
--No me cabe duda. Esta V. convicto y casi confeso. V. desaprueba hoy lo
que ayer aprobaba, porque un enemigo mio le ha llenado la cabeza de
ideas absurdas. Atrevase V. a negar la verdad.
Interpelado, acusado con tan desmedida audacia y con tan ruda serenidad,
el P. Jacinto saco fuerzas de flaqueza; puso a un lado la causa de su
inusitada timidez, que era solo el recelo de perjudicar los intereses de
Clara y de su amigo y antiguo discipulo, y, ya libre de estorbos,
contesto tan energica y sabiamente, que su contestacion, la replica a
que dio lugar y todo el resto del dialogo tomaron un caracter distinto y
solemne, por donde merecen capitulo aparte, el cual sera de los mas
importantes de esta historia.
XVII
El P. Jacinto, sin alterarse, imitando el entonado reposo de su ilustre
amiga, contesto lo que sigue:
--Ya he confesado con ingenuidad que debi aconsejarte antes. No lo hice,
no porque aprobase tu plan, sino porque, llevado de ligereza vergonzosa
y de indiferencia villana y grosera, no adverti todo el horror de la
boda que tienes concertada. ?Debo el advertirlo ahora a mi propio
espiritu, o bien al de otra persona que me ha ilustrado? Punto es este
que podra interesarte sabe Dios por que y que podra afectar mi
reputacion de hombre entendido; pero en nada altera el valor de mis
consejos. No quiero ni puedo justificar mi inconsecuencia. Puedo y debo,
con todo, mitigar un poco la rudeza de tu acusacion, y lo hare al
exponer las razones en que fundo mis consejos de ahora. Sentire
expresarme con impropiedad, aunque espero de tu buena fe que no me armes
disputa sobre las palabras, si entiendes la idea y la sana intencion con
que la expreso. Tal vez esta educada Clara con rigidez que raya en
extremos peligrosos. Temiendo tu que un dia pueda caer, le has
exagerado los tropiezos. Temiendo tu que la nave pueda zozobrar e irse a
pique, has ponderado los escollos y bajios que hay en el mar del mundo,
el impetu y violencia
|