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azones que se fundan en la
inexhausta bondad divina, tiene la manga mas ancha que yo, o si por
razones de la ley positiva, en que cree, la tiene mas estrecha. ?Me
entiende V. ahora?
--Te entiendo muy bien; y desde luego te declaro que no he de tener la
manga ni mas ancha ni mas estrecha que tu. Lo mismo calificaremos ambos
un pecado, una falta, un delito, y lo mismo marcaremos y determinaremos
la obligacion que de el nazca. Las razones teologicas tienen que ver con
la penitencia, con la expiacion, con el perdon, con la gloria o el
infierno, alla en el otro mundo, y en esto para nada tienes tu que
meterte ahora. Veamos, pues, ese caso, ya que quieres consultarme.
--Desde luego V. convendra en que lo robado debe devolverse a su dueno.
--Indudable.
--Y cuando, por efecto de un engano, algo que pertenece a uno viene a
pertenecer a otro, ?que debemos hacer?
--Debemos poner fin al engano para que lo que posee alguien sin derecho
pase a manos de su senor legitimo.
--?Y si al poner fin al engano resultan males evidentemente mayores?
--Aqui importa distinguir. Si tu tienes que hablar, no debes decir
jamas mentira por inmensos que sean los males que de decir la verdad
resulten. Condenada esta la mentira oficiosa como la perniciosa. No
debes mentir ni por salvar la vida del projimo, ni por salvar la honra
de nadie, ni por el bien de la religion; pero yo me atrevo a sostener
que debes callar la verdad cuando nadie la inquiere de ti y cuando de
decirla resultan mas males que bienes. Pensar algo en contra es delirio.
Lo sostengo sin vacilacion. Voy a explanar mi doctrina en breves
palabras. Tu cometes un pecado. Eres, por ejemplo, mentiroso. Los males
que nazcan de tu pecado debes remediarlos hasta donde te sea posible y
licito, esto es, sin cometer pecado nuevo para remediar el antiguo.
Dios, para hacernos patente la enormidad de nuestras culpas, consiente a
veces en que nazcan de ellas males cuyos humanos remedios son peores.
Tratar tu de evitarlos o de remediarlos entonces, no es humildad, sino
soberbia, orgullo satanico; es luchar contra Dios; es tomar el papel de
la Providencia; es dar palo de ciego; es querer enderezar el tuerto que
tu mismo hiciste, torciendo y ladeando lo que esta recto, y tirando a
trastornar el orden natural de las cosas.
--Hablando con franqueza --dijo el Comendador,-- la doctrina de V. me
parece muy comoda. Veo que tiene V. la manga mas ancha de lo que yo
pensaba.
--Vete a paseo, Comen
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