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la chacha Ramoncica, ?a que habia V. de haber ido tan a escape como
no fuese a ver al P. Jacinto y a tratar de ganarle en favor de Mirtilo y
de Clori? ?Vaya que ha ido V. a eso?
--No puedo negartelo.
--Gracias, tio. No es V. capaz de encarecer bastante lo orgullosa que
estoy.
--?Y por que?
--Toma... porque, por muy afectuoso que sea V. con todos, al fin no se
interesaria tanto por dos personas que le son casi extranas, si no fuese
por el carino que tiene V. a su sobrinita, que desea proteger a esas dos
personas.
--Asi es la verdad, --dijo el Comendador, dejando escapar una mentira
oficiosa, a pesar de la teoria del P. Jacinto.
Lucia se puso colorada de orgullo y de satisfaccion, y siguio hablando:
--Apostare a que ha ganado V. la voluntad del reverendo. ?Esta ya de
nuestra parte?
--Si, sobrina, esta de nuestra parte; pero, por amor de Dios, calla, que
importa el secreto. Ya que lo adivinas todo, procura ser sigilosa.
--No tendra V. que censurarme. Sere sigilosa. V., en cambio, me tendra
al corriente de todo. ?Es verdad que me lo dira V. todo?
--Si, --dijo el Comendador teniendo que mentir por segunda vez. Luego
prosiguio:
--Lucia, tu has dicho una cosa que me interesa. ?Que clase de amorios
das a entender que hubo o hay entre D. Casimiro y esa bella Nicolasa?
--Nada, tio... ?No lo he dicho ya? Fueron antes del noviazgo con
Clarita. D. Casimiro no iba con buen fin... y Nicolasa le desdeno
siempre; pero de esto informara a V. mejor que yo el P. Jacinto. Yo lo
unico que anadire es que el tal D. Casimiro me parece un hipocriton y un
bribon redomado.
--No es malo saberlo --penso el Comendador.
--iAh! diga V., tio. Ya se que se fue a Sevilla D, Carlos. Envio recado
despidiendose y excusandose de no haberlo hecho en persona por la
priesa. Es evidente que V. le ha hablado al alma y le ha convencido para
que se vaya, asegurandole que esto convenia al logro de nuestro
proposito. ?No es asi, tio?
--Asi es, sobrina --respondio el Comendador--. Veo que nada se te
oculta.
XVI
Cuando ocurrian los sucesos que vamos refiriendo, no habia tantas
carreteras como ahora. Desde Villabermeja a la ciudad puede hoy irse en
coche. Entonces solo se iba a pie o a caballo. El camino no era camino,
sino vereda, abierta por las pisadas de los transeuntes racionales e
irracionales. Cuando habia grandes lluvias, la vereda se hacia
intransitable: era lo que llaman en Andalucia un camino real de
perdices.
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