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tonces prosiguio D. Fadrique:
--El hombre de que he hablado a V., el pecador causa del engano y del
hurto, soy yo mismo. La ligereza de mi caracter me habia hecho olvidar
mi delito y no pensar en las fatales consecuencias que de el habian de
dimanar. El acaso... ?que digo el acaso?... Dios providente, en quien
creo, me ha vuelto a poner en presencia de mi complice y me ha hecho ver
todos los males que por mi culpa se originaron y amenazan originarse
aun. Dispuesto estoy a remediarlos y a evitarlos, de acuerdo con la
doctrina de V., hasta donde me sea posible y licito. Es un consuelo para
mi el ver que esta V. en concordancia conmigo. Yo no he de buscar
remedio peor que la enfermedad; pero hay una persona que le busca, y es
menester oponerse a toda costa a que le halle. Seria una abominacion
sobre otra abominacion.
--?Y quien es esa persona? --dijo el padre.
--Mi complice, --contesto el Comendador.
--?Y quien es tu complice?
--V. la conoce. V. es su director espiritual. V. debe tener grande
influjo sobre ella. Mi complice es... Cuenta, maestro, que jamas he
hecho a nadie esta revelacion. Al menos nadie pudo jamas tildarme de
escandaloso. Pocas relaciones han sido mas ocultas. La buena fama de
esta mujer aparece aun, despues de diez y siete anos, mas
resplandeciente que el oro.
--Acaba: ?quien es tu complice? Haz cuenta que echas tu secreto en un
pozo. Yo se callar.
--Mi complice es Dona Blanca Roldan de Solis.
El P. Jacinto se lleno de asombro, abrio los ojos y la boca y se
santiguo muy deprisa media docena de veces, soltando estas piadosas
interjecciones:
--iAve Maria Purisima! iAlabado sea el Santisimo Sacramento! iJesus,
Maria y Jose!
--?De que se admira V. tan desaforadamente? --dijo el Comendador,
pensando que el padre extranaba que tan virtuosa y austera matrona
hubiese nunca sucumbido a una mala tentacion.
--?De que me admiro?... Muchacho... ?De que me admiro?... Pues ?te
parece poco? Bien dicen... Vivir para ver... El demonio es el mismo
demonio. Miren... y no lo digo por ofender a nadie... imiren con que
ramillete de claveles te acaricio y te sedujo nuestro enemigo comun!...
Con un manojo de aulagas. Suave flor trasplantaste al jardin de tus
amores... iUn cardo ajonjero! Hermosa debe haber sido Dona Blanca...
todavia lo es; pero ihombre! isi es un erizo! Yo... perdoneme su
ausencia... no la creia impecable, pero no la creia capaz de pecar por
amor.
Don Fadrique respondio solo con un
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