|
conciencia, meramente moral, cuya solucion no sea
llana para todo entendimiento un poco cultivado. Sin duda que Dios, para
ejercitar nuestra actividad mental y aguzar nuestro ingenio, o para dar
precio a nuestra fe, ha circundado de tinieblas los grandes problemas
metafisicos; los ha envuelto en misterios, impenetrables a veces; pero
en lo tocante a la moral, en lo que atane al cumplimiento de nuestros
deberes no hay misterio alguno: todo esta claro como el agua. El
soberano Senor, en su infinita bondad y misericordia, no ha querido, a
pesar de nuestras maldades, que nadie tenga que ser un Seneca para saber
perfectamente cual es su obligacion, ni mucho menos que nadie tenga que
ser un heroe estupendo para cumplirla. Ni para conocerla te falta
entendimiento, ni para cumplir con ella debe faltarte voluntad. ?Que es
lo que buscas, pues en mi?
--Mucho pudiera argumentarse contra lo que V. dice; pero no quiero
disputar, sino consultar. Quiero convenir en que la moral no es ninguna
reconditez, y en que no es tan arduo cumplir con ella.
--Se entiende --interrumpio el Padre,-- para todos aquellos pueblos
donde la luz del Evangelio ha penetrado. Tu imaginas que el natural
discurso ha bastado a los hombres para formar la ley moral: yo creo que
han necesitado de la revelacion; pero tu y yo convenimos en que, una vez
presentada esa ley, la razon humana la acepta como evidente. Es gran
bellaqueria suponer esa ley obscura y vaga, y forjarse casos terribles,
conflictos espantosos entre los sentimientos naturales y el sencillo
cumplimiento de un deber. Esto equivaldria a suponer la necesidad de ser
un pozo de ciencia y de sentirse capaz de sobrehumanos esfuerzos para
ser persona decente. Ya tu comprendes que esto seria disculpar y dar
casi la razon a los tunos. Al fin y al cabo, no todos los hombres son
sabios ni tienen las fibras de hierro ni el corazon de diamante. Realzar
asi la moral es hacerla poco menos que imposible, salvo para algunos
seres privilegiados y de primera magnitud, mas profundos que Crisipo y
mas constantes que Regulo.
--Mucho tiene que ver el caso que quiero presentar con todo lo que esta
V. diciendo. No es curiosidad ociosa, sino interes muy respetable, el
que me induce a resolver una duda.
--Imposible... tu no puedes dudar.
--Dejeme V. que acabe. Yo no dudo sobre el caso... Tengo formado mi
juicio... que me parece de no menor certidumbre que este otro: dos y
tres son cinco. Mi duda esta en si V., por r
|