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e llegan a tenerse
maquinalmente, gracias a la costumbre, son virtudes y excelencias que
brotan del centro mismo de un alma que se eleva sobre las otras.
--No, hija mia; nada de eso basta a explicar mi predileccion por
Clarita.
--?Como que no basta? Sea V. franco. ?No quiere V. y estima casi tanto a
Lucia?
--Las comparaciones son odiosas, y las del carino mas. Supongamos, a
pesar de todo, que estimo y quiero a Lucia casi tanto. Eso probaria solo
que Lucia vale casi tanto como Clara.
--Y que ambas estan educadas con mas esmero.
--Bueno... ?Y que?... Concedo que asi sea. ?Quien te ha negado el poder
de la educacion? Lo que niego es que la educacion valga hasta ese punto
sobre un espiritu esteril e ingrato; y lo que niego tambien es que su
influjo no pase de la superficie y no penetre en el fondo, y no mejore
el ser de las personas. Es, pues, evidente que Clara debe mucho a Dios,
y luego a ti, que la has educado bien; pero esto que debe a ti no es
superficial y externo: los modales, las palabras, las atenciones y los
miramientos no son signos vanos. Cuando no hay en ellos afectacion, es
porque brotan del alma misma, mejor criada por Dios o por los hombres
que otras almas sus hermanas. Cierto que yo no he visto ni conocido mas
gente en mi vida que la de esta ciudad y la de Villabermeja; pero
adivino y veo claramente que ha de haber duquesas y hasta princesas cuyo
barniz no me enganaria ni me alucinaria. Yo conoceria al momento que era
falso y de relumbron, y que en el fondo eran aquellas damas mas vulgares
que tu cocinera. Conste, por consiguiente, que no me alucino al encomiar
a Clarita.
--?Y no provendra la alucinacion, --dijo Dona Blanca,-- de la candida y
espontanea propension de Clarita a hacerse agradable?
--Sin duda que provendra; pero esa misma propension, siendo espontanea y
candida, prueba la bondad de alma de quien la tiene.
--?V. no sabe, padre, que eso se califica con un vocablo novisimo en
castellano, y que suena mal y como censura?
--?Que vocablo es ese?
--Coqueteria.
--Pues bien; si la coqueteria es sin malicia, si el afan de agradar y el
esfuerzo hecho para conseguirlo no traspasan ciertos limites, y si el
fin que se propone una mujer agradando no va mas alla del puro deleite
de infundir cordial afecto y gratitud, digo que apruebo la coqueteria.
Dona Blanca y el P. Jacinto se tenian mutuamente miedo. Ella temia la
desvergueenza del fraile, y el fraile el genio violentisimo de ella
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