|
complicaciones y puntos de vista.
--Dilos.
--?Que piensa V. que debe hacer el hombre pecador, complice de la mujer,
en aquel delito cuya consecuencia es el hurto, la usurpacion de que
hemos hablado?
--Lo mismo que he dicho del hijo y de la madre.
--?Y si posee bienes para subsanar el dano causado a los herederos?
--Subsanar ese dano, pero con tal recato, discrecion y sigilo, que no se
sepa nada. En el libro de los Proverbios esta escrito: _Melius est
nomen bonum quam divitiae multae_. Asi es que por cuestion de
intereses no se debe perjudicar a nadie en su buen nombre.
El historiador de estos sucesos escribe para narrar, y no para probar.
No decide, por lo tanto, si el P. Jacinto estaba atinado o no en lo que
decia; si hablaba guiado por el sentido comun o por la doctrina moral
cristiana, o por ambos criterios en consonancia completa; y no se
inclina tampoco a creer que dicho padre tenia una moral burda y grosera,
y el atrevimiento y la confianza de un rustico ignorante. Quedese esto
para que lo resuelva el discreto lector. Baste apuntar aqui que el
Comendador mostraba una satisfaccion grandisima de ver que su maestro,
como el le llamaba, pensaba exactamente lo que el queria que pensase.
El P. Jacinto, desconfiado como buen lugareno, no advertia el interes
vivisimo con que su antiguo discipulo le interrogaba; y temiendo siempre
una burla, una especie de examen hecho por el Comendador para pasar el
rato, volvio a hablar un tanto picado, diciendo:
--Me parece que estoy archi-candido. ?A donde vas a parar con tanta
preguntilla? ?Quieres examinarme? ?Piensas retirarme la licencia de
confesar si no me crees bien instruido?
--Nada de eso, maestro. Yo ignoro si esta V. o no de acuerdo con sus
librotes de teologia moral; pero esta V. de acuerdo conmigo, lo cual me
lisonjea, y lo esta tambien con mis propositos, lo cual me llena de
esperanza. Yo buscaba en V. un aliado. Contaba siempre con su amistad,
pero no sabia si podia contar tambien con su conciencia. Ahora comprendo
que su conciencia no se me opone. Su amistad, por consiguiente, libre de
todo obstaculo, vendra en auxilio mio.
El P. Jacinto conocio al fin que se trataba de un caso practico, real, y
no imaginado, y se ofrecio a auxiliar al Comendador en todo lo que fuese
justo.
Aguardando, pues, una revelacion importante, quiso tomar aliento
haciendo una pausa, y trato de solemnizar la revelacion yendo a una
alacena, que no estaba lejos, y sacando de
|