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rian el cuidado y la pulcritud que en la
persona faltaban, lo cual denotaba desde luego que D. Casimiro mas se
cuidaba la ropa por ser ordenado, economico y aficionado a que las
prendas durasen, que por amor a la limpieza. Iba vestido muy de hidalgo
principal, si bien a la moda de hacia quince o veinte anos. Su casaca,
su chupa, sus calzones y medias de seda no tenian una mancha, y si
tenian alguna rotura, esta se hallaba diestra y primorosamente zurcida.
Gastaba peluca con polvos y coleta, y lucia muchos dijes en las cadenas
de sendos relojes que llevaba en ambos bolsillos de la chupa. Su caja de
tabaco, que el mostraba de continuo, pues no cesaba de tomar rape, era
un primor artistico, por los esmaltes y las piedras preciosas que le
servian de adorno. Al hablar usaba D. Casimiro de cierta solemnidad y
pausa muy entonada; pero su voz era ronca y desapacible, asegurandose
provenir esto en parte de que no le desagradaba el aguardiente, y mas
aun de que en su casa y despojado de las galas de novio o de
pretendiente amoroso, fumaba mucho tabaco negro.
La expresion de su semblante, sus modales y gestos no eran antipaticos:
eran insignificantes; salvo que no podia menos de reconocerse por ellos
en D. Casimiro a una persona de clase, aunque criada en un lugar.
Se advertia, por ultimo, en todo su aspecto, que D. Casimiro debia de
padecer no pocos achaques. Su mala salud le hacia parecer mas viejo.
Dado a conocer asi somera, y no favorablemente, por desgracia, podemos
ya lisonjearnos de conocer a cuantas personas ocupaban la sala cuando
entro en ella el padre Jacinto.
Dona Blanca, Clarita, D. Valentin y D. Casimiro se levantaron para
recibirle, y todos le besaron humildemente la mano. El padre estuvo
sonriente y amabilisimo con ellos, y a Clarita le dio, como si no fuese
ya una mujer, como si fuese una nina de ocho anos, y con la
respetabilidad que setenta bien cumplidos le prestaban, dos palmaditas
suaves en la fresca mejilla, diciendole:
--iBendito sea Dios, muchacha, que te ha hecho tan buena y tan hermosa!
--Su merced me favorece y me honra --contesto Clarita.
Dona Blanca se lamento del mucho tiempo que el padre habia estado sin
venir de Villabermeja, y todos le hicieron coro. Se trato de que el
padre tomase algo hasta la hora de comer, y el padre no quiso tomar
nada, salvo asiento comodo. Desde su asiento hablo de mil cosas con
animada y alegre conversacion, resuelto a aguardar alli a que Don
Casimiro se fues
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