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r el contrario, las quiero, no ya sin
esfuerzo, sino por inclinacion decidida. Sois dulces, benignas,
compasivas y muchisimo mas religiosas que los hombres. Si no hubiera
sido por vosotras, lo doy por cierto, hubierase perdido hasta la huella
de la primitiva cultura y revelacion del Paraiso, y los hombres jamas
hubieran salido del estado salvaje. Si yo fuera un sabio, habia de
componer un libro demostrando que todo este ser de la Europa del dia,
que todos estos adelantamientos sociales de que el mundo se jacta, se
deben, en lo humano, principalmente a las mujeres. Calcula, pues, cuan
alto y lisonjero es el concepto que tengo de vosotras. Pues bien; en los
ultimos anos de mi vida, tu hija Clara ha venido a sublimar mucho mas
aun este concepto de mi mente. En mi mente tenia yo como un tipo sonado
de perfeccion, al cual ninguna de las mujeres que he conocido se
acercaba ni en diez leguas. Clarita ha ido mas alla. iQue inocencia la
suya, tan rara por su enlace con la discrecion y el despejo! iQue fe
religiosa tan sana y atinada! iQue amor a su madre y que sumision a sus
mandatos! Clara es una santita en este mundo, y al verla hay que alabar
a Dios, que la ha criado a fin de dejarnos rastrear y columbrar por ella
lo que seran en el cielo los angelitos y las bienaventuradas virgenes.
--Mucho lisonjean mi orgullo de madre --interpuso Dona Blanca,-- esos
encomios de Clarita que oigo en boca de V.; pero mi amor a la justicia
me induce a creerlos exagerados. Yo me los explico de cierto modo, que
voy a tener la sinceridad de declarar a V. En el puro amor que en
general profesa V. a las mujeres, hay algo del antiguo caballero
andante, algo del hechizo que tiene para todo ser fuerte dar proteccion
a los debiles y desvalidos. En el concepto superior a la realidad que de
las mujeres V. forma, hay gran bondad e instintiva poesia. Todos estos
nobles sentimientos de V. se han empleado, durante una larga y santa
vida, en lugarenas, jornaleras unas, e hidalgas o ricachas otras, pero
toscas las mas, en comparacion con Clara, criada en grandes ciudades,
con otro barniz, con otra mas elevada cultura, con mayor delicadeza y
refinamiento. Ventajas tales, meramente exteriores y debidas a la
casualidad, han sorprendido y alucinado a V., y le han hecho pensar que
lo que esta en la superficie esta en el fondo; que modales mas
distinguidos, mayor tino y mesura en el hablar, y ciertas atenciones y
miramientos que nacen de mas esmerada educacion, y qu
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