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a. El dia en que descubra Dona Blanca su juego de V., sera para
Clarita un dia tremendo y V. no volvera a verla. Vayase V., pues, a
Sevilla.
--?Y que ganare con irme?
--Que yo trabaje con tranquilidad en favor de V. Usted me estorba para
mis planes. Si V. se queda, precipitara la boda de D. Casimiro y hara
que se envie a escape por la licencia a Roma. Si V. se va, no afirmo yo
que evitare la boda de Clara con el viejo rabadan y conseguire que sea
para Mirtilo; pero, o yo he de valer poco, o he de lograr que se nos de
tiempo y... quien sabe... Nada prometo. Solo ruego a V. que se vaya.
Vayase V. hoy mismo.
El interes que el Comendador le mostraba, su empeno de que se fuese, la
decision con que se entrometia en sus asuntos, todo chocaba a D. Carlos
y le tenia desconfiado y descontento.
El Comendador apuro todas las razones, empleo todos los tonos, pero
singularmente el de la suplica; D. Carlos le contesto varias veces de
mal humor, y fue menester la prudente superioridad del Comendador para
calmar y contener a D. Carlos y evitar que llegase a ofender a quien le
aconsejaba y casi le mandaba.
Por ultimo, tanto rogo, prometio y dijo D. Fadrique, que D. Carlos hubo
de someterse y salir aquel mismo dia para Sevilla, si bien ofreciendo
solo ausencia de poco mas de un mes: hasta que llegasen las vacaciones
de verano. En cambio, exigio y obtuvo de D. Fadrique que le habia de
escribir dandole noticias de Clara, y avisandole del menor peligro que
hubiese, para volar en seguida donde estaba ella.
Don Carlos, aunque no era timido ni torpe, no habia obtenido jamas que
Clara recibiese carta suya, y menos aun que le escribiese. Pero ?que
mucho, si ni siquiera de palabra Clara le habia dado a entender que le
amaba? Clara le amaba, sin embargo. Bien sabia el galan que era falso,
de puro modesto, aquello de que
... Amistosa y compasiva,
Quiere que el zagal viva,
Mas amarle no quiere.
Clara le amaba, y a su despecho, contra su voluntad, habia declarado su
amor; pero solo con los ojos, por donde se le iba el alma en busca del
bizarro y gracioso estudiante, sin que todos sus escrupulos religiosos v
filiales fuesen bastante poderosos para detenerla.
Don Fadrique pudo convencerse, en el largo coloquio que tuvo con D.
Carlos, de que su pasion por Clara era verdadera y profunda. Del amor de
Clara por el poeta rondeno estaba mas convencido aun. Con este doble
convencimiento, de que se alegraba, precipit
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