|
a quien
todos creen ya prometida esposa de D. Casimiro Solis.
-Eso no sera nunca mientras yo viva, --exclamo D. Carlos con grandes
brios.
--Tratemos de impedirlo --continuo con calma D. Fadrique.-- Yo le
ayudare a V. cuanto pueda, y repito que algo puedo; pero toda la energia
de usted y toda la prudencia que yo emplee seran inutiles si desoye V.
mis advertencias y consejos.
--Ya he dicho a V. que deseo seguirlos.
--Pues bien, amigo D. Carlos, es menester que V. se persuada de que
Clarita, de cuyo amor hacia V. estoy convencido, esta criada con tan
santo temor de Dios y con tan grande, y hasta si V. quiere exagerado e
irracional respeto a su madre, que por obedecerla, por no darle un
disgusto, por no rebelarse, sera capaz de casarse con D. Casimiro,
aunque se muera de amor por V. al dia siguiente de casada, aunque su
vestido de boda sea la mortaja con que la entierren.
--Pero si Clara dice a su madre que no ama a D. Casimiro...
--Clara no se atrevera a decirlo.
--Si declara a su madre que me ama...
--Antes morira que confesar a su madre ese amor.
--Y si tanto miedo tiene a su madre, ?no podra huir conmigo?
--No creo que de jamas tan mal paso. De todos modos, aunque tan mal paso
fuese posible, no se debia apelar a el sino apurados antes otros medios
mas prudentes y juiciosos. Reitero, con todo, mi afirmacion. Creo capaz
a Clarita de morir de dolor; pero no la creo capaz de prestarse al
escandalo de un rapto.
--Entonces ?que quiere V. que yo haga?
--Lo primero, volver a Sevilla con sus senores padres, y dejar a Dona
Clara tranquila con los suyos.
--Bien se conoce que V. no ama. A su edad de usted...
--Dale... con la tonteria... Caballerito poeta... yo no soy ni viejo ni
rabadan... ni me parezco en nada al del idilio. Vayase V. a Sevilla hoy
mismo. Salga V. de esta ciudad antes de que Dona Blanca se percate de
que hay moros en la costa. Yo velare aqui por los intereses de V. Y si
peligran; si es menester apelar a medios violentos, cuente V. tambien
conmigo... hasta para el rapto. A poco me aventuro prometiendoselo a V.,
porque doy por firme que no se dejara robar Clarita.
--?Y por que, para que he de irme a Sevilla?
--?Pues no se lo he dicho a V. ya? Porque aqui no hace V. sino
perjudicarse, sin gusto y sin ventaja. Estoy seguro de que no lograra V.
mas que ver a Clara en la iglesia, con mas angustia que deleite por
parte de la pobre muchacha. Y esto mientras Dona Blanca no descubra
nad
|