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s la septima o la octava vez que le
hablo. A Clarita la he visto hoy por segunda vez en mi vida. Sin
embargo, el bien de Clarita y el de V. me interesan mucho. Atribuyalo V.
a un absurdo sentimentalismo; al afecto que profeso a mi sobrina Lucia,
que llega a Vds. de rechazo; a lo que V. quiera. Lo que le ruego es que
me crea un hombre leal y franco, y no dude de mi buena voluntad y
mejores propositos. Quiero y puedo hacer mucho en favor de usted. En
cambio, aspiro a que oiga V. mis consejos y a que los siga.
Don Carlos oyo al Comendador atentamente y con muestras de respeto y
deferencia. Luego le contesto:
--Sr. D. Fadrique, por V. y por ser V. el tio de la senorita Dona Lucia,
tan bondadosa y excelente, estoy dispuesto a oir a V. y hasta a
obedecerle en cuanto este de mi parte, sin considerar el provecho que
por mi obediencia V. me promete.
--No me he explicado bien --replico D. Fadrique.--Yo no prometo premios
en pago de obediencias: lo que quiero significar es que de seguir V.
ciertos consejos mios se ha de alcanzar naturalmente lo que de otra
suerte se malograra acaso, con gran pesar de todos.
--Aclare V. su pensamiento, --dijo D. Carlos.
--Quiero decir --prosiguio D. Fadrique,-- que este modo que tiene V. de
enamorar a Clarita no va, dias hace, por buen camino. Hasta ahora nadie
sospecha en esta pequena ciudad sus amores de V., gracias a mi sobrina.
Como ella estuvo, dos meses ha, en Sevilla, donde V. la conocio, y V. ha
venido luego aqui, y V. va a su casa de tertulia todas las noches, y
habla V. mucho con ella, y no pocas veces en secreto; y como mi sobrina
es joven y graciosa y linda, si el amor de tio no me engana, todos creen
que ha venido V. por ella, que V. la enamora, que V. es su novio. ?Quien
habia de imaginarse que chica tan mona y en tan verdes anos se
limitaria a hacer el triste y poco airoso papel de confidenta? Por esto,
pues, se desorientan los curiosos, y sus amores de V. siguen secretos;
pero Lucia lo paga. Confiese V. que es mucha generosidad.
--Yo... Sr. D. Fadrique...
--No se disculpe V. No hablo de ello para que V. se disculpe, sino para
narrar los sucesos como son en si. En este lugar creen todos que V. ha
venido, abandonando a sus padres, su casa y sus estudios, para pretender
a Lucia; pero este engano no puede durar. Imagine V. el alboroto, los
chismes, las hablillas a que dara V. ocasion y motivo el dia en que se
sepa, como no podra menos de saberse, que V. pretende a Clarita,
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