|
medio de la conversacion sintieron Lucia y el Comendador el ruido de un
pequeno objeto pesado que caia a sus pies. Lucia se bajo con prontitud a
recogerle, y no bien le tuvo en la mano, dijo a su tio, toda alborozada
y en voz baja:
--Es una carta de Clarita. iQue buena es! Me quiere de veras. Menester
es conocerla como yo la conozco, para estimar lo que vale esta fineza de
su amistad. iBurlar por mi la vigilancia de su madre! iEscribirme
furtivamente! Calle V... tio... si parece imposible. iPor mi, esa
infeliz, que es una santa, ha faltado a su deber de obediencia filial!
?Y como, donde, a que hora habra podido escribirme? Vamos ... si le digo
a V. que es un milagro de carino. Y la picarita ?con que angustia habra
estado espiando la ocasion de echarme la carta, segura de que yo la
recogeria? iBenditas sean sus manos!
Y diciendo esto habia desatado el papel de la china en que venia liado
con un hilo, y se diria que queria comersele a besos.
--Ven a leer esa carta --dijo el Comendador,-- donde haya luz y donde no
vengan a interrumpirnos. En el despacho no hay nadie y ahora acaban de
encender el velon. Ven, que es ya de noche y aqui no veras.
Lucia fue al despacho con su tio, y con acento conmovido, casi al oido
del Comendador, leyo lo siguiente:
"Mi querida Lucia: De sobra conoces tu lo mucho que te quiero.
Considera, pues, cuanto me afligira verte tan poco y no poder hablarte.
Mi madre lo exige, y una buena hija debe complacer a su madre. No creas
que mi madre ha sospechado nada de mis desenvolturas con D. Carlos de
Atienza. Me echo a temblar al representarme que hubiera podido
sospecharlo. Nadie sabe mas que tu, el Comendador y yo, que D. Carlos me
pretende; pero Dios sabe mi pecado, del que estoy arrepentida. Ha sido
enorme perversidad en mi dar alas a ese galan con miradas dulces y
profanas sonrisas... casi involuntarias... te lo juro. No por eso me
pesan menos en la conciencia. Algo he hecho yo, o arrastrada por mi
maldad nativa, o seducida por el enemigo comun de nuestro linaje, para
alborotar a ese mozo, hacerle abandonar su Universidad y sus estudios, y
moverle a venir aqui en persecucion mia. En medio de todo, harto tengo
que agradecer a Jesus y a Maria Santisima, que se apiadan de mi, a pesar
de lo indigna que soy, y disponen que no se solemnice mi falta con el
escandalo. Favor sobrenatural del cielo es, sin duda, el que siga oculto
el movil que ha impulsado a D. Carlos a venir aqui. La gente cree que
|