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enitente y sin inclinaciones misticas y contemplativas. Ahora,
por no desazonar a su mujer, se esforzaba por remedar a San Hilarion o a
San Pacomio.
Tenia D. Valentin cerca de sesenta anos de edad, pero parecia mucho mas
viejo, porque no hay cosa que envejezca y arruine mas el brio y la
fortaleza de los hombres que esta servidumbre voluntaria y espantosa, a
que por raro misterio de la voluntad se someten muchos, cediendo a la
persistencia endemoniada de sus mujeres.
No bien entro Clara en el cuarto, Dona Blanca le pregunto:
--?Donde has estado, nina?
--Mama, en _el nacimiento_.
--No se como tiene pies mi senora Dona Antonia para dar paseos tan
disparatados. Con ir y volver, eso es andar cerca de una legua.
--Dona Antonia no ha estado hoy con nosotras --dijo Clara, no
atreviendose a mentir, ni siquiera a disimular.
El rostro de Dona Blanca tomo cierta expresion de sorpresa y de notable
desagrado.
--Entonces ?quien os ha acompanado en el paseo? --pregunto Dona Blanca.
--No se enoje V., mama: hemos ido bien acompanadas.
--Si; pero ?por quien? ?Por alguna fregona? ?Por alguna tia cualquiera?
--Mire V., mama, Dona Antonia tenia la jaqueca y no pudo acompanarnos.
En su lugar ha venido con nosotras el tio de Lucia.
--?Y quien es ese tio?
--Un senor marino que estuvo en la India y en el Peru, que dice que
conoce a V., que hace poco ha venido a vivir a Villabermeja, y que
anoche llego aqui a pasar una temporada.
--Ese es el Comendador Mendoza --dijo D. Valentin, con cierto jubilo de
saber que habia llegado un antiguo amigo.
--Justamente, papa, asi se llama: el Comendador Mendoza; un senor muy
fino, si bien algo raro.
--Oye, Blanca, sera menester que vayamos a ver al Comendador, que vive
sin duda en casa de su hermano --exclamo D. Valentin.
--Cumpliremos con ese deber que la sociedad nos impone --dijo Dona
Blanca con reposo y dignidad serena--; pero tu, Clara, no debes volver a
salir de paseo ni tratarte con ese hombre malvado e impio. Si la santa
fe de nuestros padres no estuviera tan perdida; si las perversas
doctrinas del filosofismo frances no nos hubiesen inficionado, ese
hombre, en vez de vestir el honroso uniforme de la marina, vestiria el
sambenito; en vez de andar libre por ahi, piedra de escandalo, fermento
de impiedad, levadura del infierno, corrompiendo lo que aun en el
cuerpo social se conserva sano, estaria en los calabozos de la
Inquisicion o ya hubiera muerto en la hoguera.
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