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enamoradas perdices que
acuden al reclamo en la estacion del celo.
A pesar de nuestra edad, hemos de emplearnos todavia, si V. no se opone,
en algunas cosas harto infantiles. Hemos de volver al Pozo de la Solana,
como hace cuarenta anos, a cazar colorines y otros pajarillos, ya con la
red, ya con liga y esparto. Tengame V. preparado un buen par de
cimbeles.
Todas las cosas de por ahi se me ofrecen a la memoria con el encanto de
los primeros anos. Entiendo que voy a remozarme al verlas y gozarlas.
Tengo gana de volver a comer pinonate, salmorejo, hojuelas, gajorros,
pestinos, cordero en caldereta, cabrito en cochifrito, empanadas de
boquerones con chocolate, torta-maimon, gazpacho, longanizas y los demas
primores de cocina y reposteria con que suelen regalarse los sibaritas
bermejinos. No por eso rompere con la costumbre contraida en otras
tierras, sino que pienso llevar en mi compania a un gabacho que he
traido de Paris, el cual condimenta unos manjares que doy por cierto que
han de gustar a V., aunque tienen nombres imposibles casi de pronunciar
por una boca de Villabermeja; pero ya V. se convencera de que, sin
pronunciarlos, los mastica, los saborea, se los traga y le saben a
gloria.
Por mas extrano que a V. le parezca, llevo tambien vino a esa tierra del
vino. Yo recuerdo que V. era un excelente catador; que V. tenia un
paladar muy fino y una nariz delicadisima. Espero, pues, que ha de
comprender y estimar el merito de los vinos de _extranjis_ que yo lleve,
y que no caeran en su estomago como si cayesen en el sumidero.
Estoy muy contento de que me viva aun la chacha Ramoncica. Me han dicho
que en su casa sigue todo como antes. Los mismos muebles, la misma
criada Rafaela, y hasta el grajo, bien sea el mismo tambien, que por
milagro de nuestro Santo Patrono vive aun, o bien sea otro que le
reemplazo a tiempo, y parece el fenix renacido de sus cenizas.
Mucha gana tengo de dar un abrazo a la chacha Ramoncica, aunque, dicho
sea entre nosotros, yo queria mas a la pobre chacha Victoria. iQue noble
mujer aquella! Aseguro a V. que no he hallado igual mujer en el mundo.
Si la hubiera hallado, no seria yo solteron.
En este punto he sido poco feliz. No he hallado mas que mujeres ligeras,
casquivanas, frivolas y sin alma. Una sola, alla en Lima, me quiso de
veras con amor fervoroso, pero criminal. Yo tambien la quise, por mi
desgracia, porque tenia un genio de todos los diablos, y queriendonos
mucho, la historia de
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