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ado y de sabio y habil marino llego
a su colmo.
Casi cuando acababan de espirar en el Cuzco los ultimos indios parciales
de la independencia de su patria, siendo atenaceados algunos con tenazas
candentes antes de ahorcarlos, llego la nueva a Lima de que habiamos
hecho la paz con Inglaterra, logrando la independencia de su colonia, en
pro de la cual combatimos.
Don Fadrique pudo entonces obtener licencia para navegar a las ordenes
de la Compania de Filipinas, y salio para Calcuta mandando un navio
cargado de preciosas mercaderias. Tres viajes hizo de Lima a Calcuta y
de Calcuta a Lima; y como llevaba muy buena pacotilla y un sueldo
crecido, y alcanzo ventas muy ventajosas, se hallo en poco tiempo
poseedor de algunos millones de reales.
En las largas temporadas que D. Fadrique paso en la India se aficiono
mucho a la dulzura de los indigenas de aquel pais y tomo en mayor
aborrecimiento el fervor religioso y guerrero de otras naciones. Tippoo,
sultan de Misor, se habia empenado en convertir al islamismo a todos los
indostanies y en dilatar su imperio hasta el Cabo Comorin, a donde nunca
habian penetrado las huestes de otros conquistadores musulmanes. La
horrible devastacion del floreciente reino de Travancor, en las barbas
de los ingleses, fue la consecuencia de la ambicion y del celo muslimico
del sultan mencionado. El Gobernador general de la India se resolvio al
cabo a vengar y a remediar lo que hubiera debido impedir, y partio de
Calcuta a Madras con muchos soldados europeos y cipayos, y grandes
aprestos de guerra. En aquella ocasion D. Fadrique tuvo el gusto de
ganar bastantes rupias, sirviendo una buena causa y conduciendo a Madras
en su navio, con la autorizacion debida, tropas, viveres y municiones.
Parece que poco tiempo despues de este suceso, y aun antes de que el
rajah de Travancor fuese restablecido en su trono, y el sultan Tippoo
vencido y obligado a hacer la paz, D. Fadrique, cansado ya de
peregrinaciones y trabajos, con la ambicion apagada y con el deseo de
fortuna mas que satisfecho, logro, de vuelta a Lima, obtener su retiro,
y se vino a Europa, anhelante de presenciar la gran revolucion que en
Francia se estaba realizando, cuyos principios se hallaban tan en
concordancia con los suyos, y cuya fama llenaba el mundo de asombro.
Don Fadrique, sin embargo, solo estuvo en Paris algunos meses: desde
fines de 1791 hasta Septiembre de 1792. Este tiempo le basto para
cansarse y hartarse de la gran revolu
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