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que las ideas y teorias pasen de unos entendimientos a
otros por medio de la palabra escrita o hablada. El siglo XVIII tal vez
no fue critico, burlon, sensualista y descreido porque tuvo a Voltaire,
a Kant y a los enciclopedistas, sino porque fue critico, burlon,
sensualista y descreido tuvo a dichos pensadores, quienes formularon en
terminos precisos lo que estaba vago y difuso en el ambiente: el giro
del pensamiento humano en aquel periodo de su civilizacion progresiva.
Solo asi se comprende que D. Fadrique viniese a ser impio sin leer ni
oir nada que a ello le llevase.
Esta nueva calidad que aparecio en el era bastante peligrosa en aquellos
tiempos. D. Diego mismo se espanto de ciertas ideas de su hijo. Por
dicha, el desenvolvimiento de tan mala inclinacion coincidio casi con la
ida de D. Fadrique al Colegio de Guardias marinas, y se evito asi todo
escandalo y disgusto en Villabermeja.
Las chachas Victoria y Ramoncica lloraron mucho la partida de D.
Fadrique; el P. Jacinto la sintio; D. Diego, que le llevo a la Isla, se
alegro de ver a su hijo puesto en carrera, casi mas que se afligio al
separarse de el; y los frailes, y Casimirito sobre todo, tuvieron un dia
de jubilo el dia en que le perdieron de vista.
D. Fadrique volvio al lugar de alli adelante, pero siempre por brevisimo
tiempo: una vez cuando salio del Colegio para ir a navegar; otra vez
siendo ya alferez de navio. Luego pasaron anos y anos sin que viese a D.
Fadrique ningun bermejino. Se sabia que estaba, ya en el Peru, ya en el
Asia, en el extremo Oriente.
IV
De las cosas de D. Fadrique, durante tan larga ausencia, se tenia o se
forjaba en el lugar el concepto mas fantastico y absurdo.
D. Diego y la chacha Victoria, que eran las personas de la familia mas
instruidas e inteligentes, murieron a poco de hallarse D. Fadrique en el
Peru. Y lo que es a la candida Ramoncica y al limitado D. Jose, no
escribia D. Fadrique sino muy de tarde en tarde, y cada carta tan breve
como una fe de vida.
Al P. Jacinto, aunque D. Fadrique le estimaba y queria de veras, tambien
le escribia poco, por efecto de la repulsion y desconfianza que en
general le inspiraban los frailes. Asi es que nada se sabia nunca a
ciencia cierta en el lugar de las andanzas y aventuras del ilustre
marino.
Quien mas supo de ello en su tiempo fue el cura Fernandez, que, segun
queda dicho, trato a don Fadrique y tuvo alguna amistad con el. Por el
cura Fernandez se entero D. Juan
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