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ndador en el infierno, ora
en el purgatorio, es que sus pecados debieron de ser enormes.
--Pues, mire V. --replico D. Juan Fresco,-- nada cuenta el vulgo de
terminante y claro con relacion al Comendador. Cuenta, si, mil confusas
patranas. En Villabermeja se conoce que hirio mas la imaginacion popular
por su modo de ser y de pensar que por sus hechos. Sus hechos conocidos,
salvo algun extravio de la mocedad, mas le califican de buena que de
mala persona.
--De todos modos, ?V. cree que el Comendador era una persona notable?
--Y mucho que lo creo. Yo contare a V. lo que se de el, y V. juzgara.
Don Juan Fresco me conto entonces lo que sabia acerca del Comendador
Mendoza. Yo no hago mas que ponerlo ahora por escrito.
II
Don Fadrique Lopez de Mendoza, llamado comunmente el Comendador, fue
hermano de don Jose, el mayorazgo, abuelo de nuestro D. Faustino, a
quien supongo que conocen mis lectores.
Nacio D. Fadrique en 1744.
Desde nino dicen que manifesto una inclinacion perversa a reirse de todo
y a no tomar nada por lo serio. Esta cualidad es la que menos facilmente
se perdona, cuando se entreve que no proviene de ligereza, sino de tener
un hombre el espiritu tan serio, que apenas halla cosa terrena y humana
que merezca que el la considere con seriedad; por donde, en fuerza de la
seriedad misma, nacen el desden y la risa burlona.
Don Fadrique, segun la general tradicion, era un hombre de este genero:
un hombre jocoso de puro serio.
Claro esta que hay dos clases de hombres jocosos de puro serios. A una
clase, que es muy numerosa, pertenecen los que andan siempre tan serios,
que hacen reir a los demas, y sin quererlo son jocosos. A otra clase,
que siempre cuenta pocos individuos, es a la que pertenecia D. Fadrique.
Don Fadrique se burlaba de la seriedad vulgar e inmotivada, en virtud de
una seriedad exquisita y superlativa; por lo cual era jocoso.
Conviene advertir, no obstante, que la jocosidad de D. Fadrique rara vez
tocaba en la insolencia o en la crueldad, ni se ensanaba en dano del
projimo. Sus burlas eran benevolas y urbanas, y tenian a menudo cierto
barniz de dulce melancolia.
El rasgo predominante en el caracter de D. Fadrique no se puede negar
que implicaba una mala condicion: la falta de respeto. Como veia lo
ridiculo y lo comico en todo, resultaba que nada o casi nada respetaba,
sin poderlo remediar. Sus maestros y superiores se lamentaron mucho de
esto.
Don Fadrique era agil y fuerte
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