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escribir obligo a la chacha Victoria a hacerse
letrada. El amor fue su maestro de escuela, y le enseno a trazar unos
garrapatos anarquicos y misteriosos, que por revelacion de amor leia,
entendia y descifraba el cadete.
De esta suerte, entre temporadas de pelar la pava en Villabermeja, y
otras mas largas temporadas de estar ausentes, comunicandose por cartas,
se pasaron cerca de doce anos. El cadete llego a teniente.
Hubo entonces un momento terrible: una despedida desgarradora. El
cadete, teniente ya, se fue a la guerra de Italia. Desde alli venian las
cartas muy de tarde en tarde. Al cabo cesaron del todo. La chacha
Victoria se lleno de presentimientos melancolicos.
En 1747, firmada ya la paz de Aquisgran, los soldados espanoles
volvieron de Italia a Espana; pero nuestro cadete, que habia esperado
volver de capitan, no parecia ni escribia. Solo parecio, con la licencia
absoluta, su asistente, que era bermejino.
El bueno del asistente, en el mejor lenguaje que pudo, y con los
preparativos y rodeos que le parecieron del caso para amortiguar el
golpe, dio a la chacha Victoria la triste noticia de que el cadete,
cuando iba ya a ver colmados sus deseos, cuando iba a ser ascendido a
capitan, en visperas de la paz, en la rota de Trebia, habia caido
atravesado por la lanza de un croata.
No murio en el acto. Vivio aun dos o tres dias con la herida mortal, y
tuvo tiempo de entregar al asistente, para que trajese a su querida
Victoria, un rizo rubio que de ella llevaba sobre el pecho en un
guardapelo, las cartas y un anillo de oro con un bonito diamante.
El pobre soldado cumplio fielmente su comision.
La chacha Victoria recibio y bano en lagrimas las amadas reliquias. El
resto de su vida le paso recordando al cadete, permaneciendo fiel a su
memoria y llorandole a veces. Cuanto habia de amor en su alma fue
consumiendose en devociones y transformandose en carino por el sobrino
Fadriquito, el cual tenia tres anos cuando supo la chacha Victoria la
muerte de su perpetuo y unico novio.
La pobre chacha Ramoncica habia sido siempre pequenuela y mal hecha de
cuerpo, sumamente morena y bastante fea de cara. Cierta dignidad natural
e instintiva le hizo comprender, desde que tenia quince anos, que no
habia nacido para el amor. Si algo del amor con que aman las mujeres a
los hombres habia en germen en su alma, ella acerto a sofocarlo y no
broto jamas. En cambio tuvo afecto para todos. Su caridad se extendia
hasta los animale
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