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construido por los soberanos de la
penultima dinastia, ocupaba el centro de la ciudad y era la residencia
de los altos senores del Consejo Ejecutivo.
Incendiado repetidas veces en el curso de los siglos y bombardeado
durante las guerras, habia sufrido numerosas reconstrucciones; pero la
mas grande y vistosa databa de pocos anos despues de la Verdadera
Revolucion, suceso que habia iniciado un nuevo periodo historico. Los
cinco senores del Consejo Ejecutivo vivian en el centro del palacio; en
una ala estaba la Camara de diputados, y en la opuesta, el Senado.
A la manana siguiente de la entrada de Edwin en la capital, este
palacio, que era como el corazon de la Republica, reanudo su vida mas
temprano que en los dias anteriores. Fueron llegando los altos empleados
del gobierno y casi todos los diputados y senadores, a pesar de que las
sesiones parlamentarias solo empezaban a celebrarse despues de mediodia.
En sus inmediaciones se aglomero una muchedumbre de curiosos para ver
como centenares de siervos, con la ayuda de varias gruas, iban
descargando de una fila de camiones-automoviles enormes y misteriosos
objetos, cuya aparicion era saludada con largos murmullos de asombro.
Todo el pueblo recordaba el espectaculo extraordinario de la tarde
anterior, cuando llego el Hombre-Montana a los alrededores de la ciudad.
El Consejo Ejecutivo habia determinado darle alojamiento en la antigua
Galeria de la Industria, recuerdo de una Exposicion universal celebrada
diez anos antes.
Esta Galeria era la obra mas audaz y solida que habian realizado los
ingenieros del pais. El Hombre-Montana iba a pasearse por dentro de ella
sin que su cabeza tocase el techo. Diez gigantes de su misma estatura
podian acostarse en hilera de un extremo a otro de la grandiosa
construccion. Su ancho equivalia a cuatro veces la longitud del coloso.
Situada sobre una altura vecina a la ciudad, el prisionero podia
contemplar, sin moverse de su alojamiento, toda la grandiosa metropoli
extendida a su pies, asi como el puerto con sus numerosos navios al
ancla y los campos y pueblecillos cercanos, llegando con su vista hasta
la cordillera que cerraba el horizonte, en la que habia cumbres de
ciento ochenta metros, solamente exploradas por algunos sabios capaces
de morir como heroes al servicio de la ciencia.
Una fuerte guardia impedia que los curiosos subiesen hasta la vivienda
del gigante, donde se estaban realizando grandes trabajos para su comoda
instalac
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