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do pedido antes perdon a los PP. y a los Miguelistas que
estaban en su compania, a los cuales tambien tenian por
sospechosos, se retiraron a sus reales, que desde antes de ayer
tenian puestos en un rio que corre al pie de la colina del pago,
o estancia.
93. Despues de visperas, juzgando los PP. que todo estaba
sosegado, he aqui otro alboroto: que iban llegando las reliquias
de los Luisistas, los que eran unos 20, que de la Matanza habian
quedado vivos, y mesclados con algunos otros soldados de los
otros pueblos; los cuales, apeandose de los caballos, se
entraron a la capilla de Santiago, y hecha oracion, cantaron
tambien un responso por los que habian muerto en la pelea. Y
habiendoles perorado uno de los capitanes una breve oracion
funebre, salieron de la capilla, pero con tan grave rostro y
furioso semblante, que no hablaron, ni saludaron a los PP. que
estaban presentes: antes bien despidieron prontamente al cura
que les hablaba, y diciendo que no tenian cosa alguna que
tratar, se fueron a la espalda de una huerta de duraznos, en
donde se acamparon, y despues, habiendo entrado en la huerta, se
hartaron de frutas, de que estaban cargados los arboles.
Callaron a estas cosas los PP., porque no fuese que, entrando ya
la noche, intentasen los amotinados ofenderles, o hacerles algun
dano: y asi se mando estuviesen en vela, y armados a la puerta
de la capilla, todos los Miguelistas companeros de los PP.
Pasose toda la noche, y habiendo hecho estos una junta, pensaron
era mejor ceder al desenfrenado furor de la gente, y retirarse a
la seguridad del pueblo. Llegada, pues, la manana, montaron a
caballo y se fueron al pueblo, llegando este dia al pago o
estancia de San Jose.
94. Hallaron aqui un escuadron de Miguelistas, que iba al
socorro de los suyos, y consternados con los nuevos avisos que
habian venido la noche pasada, que el enemigo ya habia ocupado
el Monte Grande, no sabian determinar lo que habian de hacer. El
capitan de este escuadron (era teniente del pueblo), habiendo
recibido despues un aviso, se volvio aquella misma noche a dicho
pueblo, y mando que todos los moradores de el, y principalmente
los de edad y sexo mas debil, se presentasen para huir. De tal
suerte arredro tambien con este aviso a las partidas auxiliares
de los otros pueblos que encontro en el camino, que varios de
ellos retrocedieron y se volvieron a sus pueblos. Ma
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