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mientras el comedor resonaba con el campanilleo de los platos y las copas, la charla y las carcajadas de los convidados. Cobo Ramirez abandono por un rato a Esperancita dejandola en poder de su rival, para sentarse en un rincon delante de una mesita volante y devorar algunos trozos de _boeuf d'Hambourg_ y jamon. Naturalmente, Ramoncito aprovecho este desahogo para poner de manifiesto el contraste entre su parquedad poetica y la glotoneria prosaica de Cobo; hasta que Esperancita le paro los pies diciendo con mal humor a su amiguita Paz, que estaba del otro lado: --Pues a mi me gustan los hombres que comen mucho. --A mi tambien--repuso Pacita--. Al menos indica que no tienen enfermo el estomago. --Yo no lo tengo tampoco--se apresuro a decir el concejal, sofocado y molesto por la actitud hostil en que las dos amiguitas se habian colocado. Paz se contento con sonreir desdenosamente. El general Patino, fatigado de enviar mortiferos proyectiles a la esposa de Calderon sin que la plaza se diese siquiera por enterada, habia levantado el cerco para sitiar a la marquesa de Ujo, que a las primeras granadas habia capitulado abriendo las puertas al enemigo. Sin embargo, el general, como estrategico consumado, no perdia de vista a Mariana, esperando cualquier incidente favorable para caer de nuevo sobre ella. Se decia en los periodicos que iba a ser nombrado ministro de la Guerra. Este cargo, sin duda, le daria mas prestigio y autoridad para entrar a rebato en cualquier parte. La marquesa de Ujo vestia de turca y le sentaba tan bien, que, segun Alcantara, apetecia soltarle un tiro. Su languidez era tanta aquella noche, que apenas tenia fuerzas para articular las palabras. A cada paso el ilustre general se veia en la necesidad de ayudarla en tan improba tarea. Mientras roia con sus dientes desvencijados algunas pastas, pues no admitia otra cosa su estomago, tambien un poquito averiado, disertaba, mejor dicho, exhalaba una serie de exclamaciones acerca de cierta novela recien publicada en Francia. --iQue escena!... iAh! ipero que cosa tan linda!... Cuando ella le dice: "Entrad en el cuarto si quereis: podreis manchar mi cuerpo, pero no mi alma...." iAh! iY cuando va al lugar del duelo y recibe la bala que iba dirigida a su marido!... iQue cosa mas linda!... Pepe Castro caracoleaba (perdon por el simil) en torno de Lola Madariaga. Esta le contaba con risa maligna lo acaecido hacia un rato, cuando Clementina se present
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