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etizador. --iYa lo creo que quiero! Al decir esto se ruborizo fuertemente debajo del embozo, y desprendiendo bruscamente su mano, siguio a su mama que entraba en el carruaje. Pepa Frias habia dicho a su hija: --Mira, chica, cuando nos vayamos, deseo que Emilio me acompane. Estoy nerviosa y no podria dormir si no le ajustase antes las cuentas. No quiero mas escandalos, ?sabes? Le voy a dirigir el _ultimatum_. Si persiste, tu te vienes conmigo y el que se vaya al infierno. Estaba furiosa. Su hija, aunque quisiera poner reparos a esto de la separacion, pues adoraba a su infiel marido, no se atrevio. Bajo sumisa la cabeza. Cuando llego el momento de marchar, Pepa se dirigio a su yerno: --Emilio, haz el favor de acompanarme. Deseo hablar contigo. "iMalo!" dijo para si el joven. --?E Irene? --Que vaya sola. No se la comeran los lobos--respondio asperamente. "iMalisimo!" torno a decirse Emilio. En efecto, Irenita dirigiendo ojeadas de temor y ansiedad a su mama y su marido, se metio sola en su berlina, mientras ellos subian a la de la primera. Cuando el carruaje comenzo a rodar, Emilio, para desarmar a su suegra, quiso, como un chiquillo que era, desviar el rayo sacando una conversacion que pudiese entretenerla. --?Ha visto usted que audacia la de Amparo? La creia capaz de muchos desatinos, pero no de uno semejante. Y hablo de la Amparo con gran verbosidad sin conseguir que su suegra desplegase los labios. Lo mismo sucedio cuando principio a hacer comentarios acerca de la fortuna de Salabert, de los gastos del baile, del extraordinario honor que habia merecido de los soberanos aquella noche, etc., etc. Pepa reclinada en su rincon, guardaba un silencio feroz que no anunciaba nada bueno. Pero Emilio, sin desanimarse, toco con habilidad la tecla que responde en todas las mujeres. --?Sabe usted, Pepa (asi la seguia llamando, lo mismo que cuando era novio de su hija), que en un grupo donde estaba el presidente del Consejo, oi, sin querer, grandes elogios de usted? Elogiaban mucho el traje; pero mas aun la figura. Decian que no habia ninguna nina en el baile que pudiera competir con la frescura de usted; que tenia usted un cutis como raso, cada dia mas terso y brillante. --iJesus, que tonteria! Esas son payasadas, Emilio. En otro tiempo, no digo.... --No, Pepa, no; el cutis de usted es proverbial en Madrid. Ya daria Irene algo por tenerlo como usted. --?Es mejor que el de Maria Huerta?--preg
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