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daron en la inutilidad con que se dirigian contra aquella villa los
indios de los pueblos por donde transitaron, ocasiono gravisimas
desgracias. En el pueblo de Coata exterminaron el propio dia a todos los
espanoles y mestizos que pudieron haber a las manos, y lo propio
acontecio en el de Capachica. Por otra parte, los pueblos de Yunguyo,
Desaguadero y Cepita de la provincia de Chucuito, se declararon por el
partido de rebelion y se unieron a los de la provincia de Pacajes,
impidiendo pasase un extraordinario, despachado por Orellana al
Comandante de la Paz, en que le pedia nombrase un sugeto capaz de
mantener y defender aquel puesto que ya consideraba preciso, en atencion
a que de resultas de la caida del caballo estaba imposibilitado de
continuar tan importante objeto: y en consideracion a que habia sido
infructuosa aquella diligencia, no penso en otra cosa que en prevenirse
para hacer menores los danos que esperaba, y resistir las invasiones que
repitiesen los insurgentes. Asimismo el Gobernador de Chucuito, luego
que supo la alteracion de los primeros pueblos de su provincia,
solicitaba los medios de sosegarla, y habiendose tratado en junta, de
guerra los que parecian mas oportuno, se propuso remitir gente armada
para contener aquellos movimientos, a que no asintio Orellana por la
consideracion de que, siendo dimanados de la misma causa que los demas,
era indispensable que toda la provincia se conmoviese, y por
consiguiente quedase encerrado el destacamento en el centro de ella:
como efectivamente le sucedio al que, por orden particular de su
Gobernador, se despacho a las del cacique de Pomata, D. Jose Toribio
Castilla, que fue sacrificado con 25 hombres que le acompanaban en su
mismo pueblo; ocasion que aprovecharon los vecinos para declararse a
cara descubierta por el rebelde.
Con la noticia de este segundo desgraciado suceso, determino el mismo
corregidor enviar todas las milicias de su provincia, que marcharon bajo
la conducta del capitan D. Santiago Vial, y al llegar a Juli reconocio
el sangriento estrago de todos los vecinos de aquel pueblo, que pasaban
por espanoles, cuyos bienes habian saqueado, sin librarse el sagrado de
los templos del furor y la profanacion, tomando despues los rebeldes por
asilo las cumbres de las montanas inmediatas. Al entrar los nuestros en
la poblacion, encontraron las plazas y calles inundadas de sangre, y
arrojados los cadaveres por todas partes, sin hallar quien les diese
razon a
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