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nuestra, sostenida una y otra de un cuerpo
de honderos. Desde el reducto situado en las cuatro esquinas de la casa
del cacique D. Anselmo Bustinza, se les hizo fuego con un canon fundido
a su costa, con el que se defendia parte de la campana que se descubria
por aquel lado, y no solo contuvo a los sitiadores, sino que tambien
liberto del incendio a todo el barrio, desgracia que habia sufrido el
del Tambo de Santa Rosa, por estar distante de la defensa. Bien que este
fue el unico triunfo que consiguieron aquel dia: corto en realidad, y
que de manera alguna correspondia a la perdida que habian sufrido en
tantos y tan repetidos asaltos, en los cuales habian acreditado un
esfuerzo y constancia que no podian jamas esperarse ni creerse de una
nacion que anteriormente se habia considerado de un caracter veleidoso y
debil. Duro la accion hasta las tres y media de la tarde, en que
tuvieron empenadas todas las fuerzas del enemigo, separandose del ataque
las que mandaba Diego Cristoval Tupac-Amaru, a su cuartel, antes que los
de la parte de Chucuito, que dilataron media hora mas sus obstinadas
pero infructuosas diligencias: y retirados todos a sus campamentos, tuvo
lugar la guarnicion de atender a sus heridos, que pasaban de 100, sin
los muertos que llegaban a 60, los mas de tiro de fusil, cuya perdida
puede reputarse considerable si se compara con las que se experimentaron
en los ataques anteriores, al mismo tiempo que acredita la valentia y
resolucion con que se condujeron en este. Pero el amor y constancia que
animaba a los sitiados, lejos de apocarse, adquiria mayor denuedo a
vista de la desgraciada suerte de sus companeros, y se disponian con
generosa determinacion a resistir el asalto del dia siguiente que
consideraban inevitable, cuando a las primeras luces advirtieron la
novedad de haberse desaparecido aquella noche improvisamente Diego
Cristoval Tupac-Amaru y todos los que le acompanaban, con tanta
precipitacion que dejo en el campo los ricos quitasoles que usaba contra
los rayos del sol, y muchos viveres de que se apoderaron las partidas de
los sitiados, destinadas al reconocimiento de la campana, y pocos dias
despues se desaparecieron tambien los que habian venido de la parte de
Chucuito, como queda referido anteriormente. Cuyos favorables efectos
causo la inmediacion y presencia de las tropas de Lima, con tanta
oportunidad, que los defensores estaban ya inmediatos a experimentar el
extremo de las necesidades y peligros,
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