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como un cuerpo inerte. Al fin, doblandosele las piernas, exclamo con acento desgarrador: --iOh, Clementina, me estas matando! Y cayo al suelo privado de sentido. El susto de ella fue grande. No habia nadie que la auxiliase. No habia siquiera agua. Alzo la cabeza del joven, la puso sobre su regazo, le dio aire con su sombrero y le hizo oler un pomito con perfume que traia. Al cabo de pocos minutos abrio los ojos: no tardo en ponerse en pie. Estaba avergonzado de su flaqueza. Clementina se mostraba con el afectuosa y compasiva. Cuando vio que estaba ya sereno y en disposicion de marchar, se cogio a su brazo y le dijo: --Vamos. Y procuro distraerle, mientras caminaban, hablandole de una _sauterie_ que proyectaba y a la cual le pedia con insistencia que no dejase de asistir. --Y lo mismo los sabados ?verdad? Cuidado con abandonarme. Uno es uno y otro es otro.... Tu seras en mi casa el amigo de siempre, y en mi corazon ocuparas, mientras viva, un lugar de preferencia. Raimundo se contentaba con sonreir forzadamente. Asi llegaron otra vez al sitio donde estaba el coche. Dentro, la dama siguio locuaz. El, a medida que se acercaban a Madrid, se iba poniendo mas palido. Ya no sonreia. Viendole de tal modo, con la desesperacion impresa en el semblante, Clementina dejo al cabo de hablarle en aquel tono. Movida de piedad comenzo de nuevo a besarle carinosamente. Pero el rechazo sus caricias; la aparto con suavidad diciendo: --iDejame! idejame!... Asi me haces mas dano. Dos lagrimas asomaron a sus pupilas y estuvieron largo rato alli detenidas. Al fin se volvieron otra vez, sin caer, al sitio misterioso de donde brotan. El coche llego a la Puerta de Alcala. Clementina lo hizo detener delante de la calle de Serrano. --Conviene que te bajes aqui. Estas cerca de tu casa. Raimundo, sin decir palabra, abrio la portezuela. --Hasta el sabado, Mundo.... No dejes de ir.... Ya sabes que te espero. Al mismo tiempo le apreto la mano con fuerza. Raimundo, sin mirarla, murmuro secamente: --Adios. Se bajo de un salto, y la dama le vio alejarse con paso vacilante de beodo sin volver la vista atras. FIN INDICE I.--Presentacion de la farandula. II.--Mas personajes. III.--La hija de Salabert. IV.--Como alentaba la virtud el senor duque de Requena. V.--Precipitacion. VI.--Desde el "Club de los Salvajes" a casa de Calderon. VII.--Comida y tresillo en casa de Osorio. VIII.--Cen
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